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Para el retiro también hay que entrenarse

Los procesos emocionales que produce el retiro en los futbolistas están vinculados a la pérdida de identidad deportiva y a la obligación posterior de crear una nueva realidad. Por Marcelo Roffé.*  
El retiro del futbolista siempre es complejo, aún si el jugador fue famoso y reconocido por la gente. Un ejemplo es Facundo Sava, quien convirtió más de 100 goles y jugó en Racing, Gimnasia y Esgrima La Plata, Boca y Ferrocarril Oeste, sumado a sus pasos por Inglaterra y España. Sava se preparó profesionalmente para el día después ya que se convirtió en psicólogo social y en entrenador, cargo que hoy ejerce. Sin embargo, antes de dejar la disciplina, Facundo decía: “El retiro es un duelo que se trabaja en terapia, pero también con la familia y los amigos. Siempre cuesta dejar el fútbol, aun teniendo cosas pensadas para el futuro inmediato. No es fácil imaginarse sin jugar al fútbol y sin tener el cariño de la gente”.

Para enfrentar ese cambio brusco de vida que sufre el futbolista con esa jubilación anticipada (el retiro), Sava empezó a estudiar fotografía, algo que nunca había realizado. Ser jugador responde a un sueño y a un ideal social: hacer lo que realmente se disfruta y ganar muy bien, frecuentar los mejores hoteles, participar de publicidades, conocer países, conducir buenos autos, etc. Pero el 90% de los futbolistas no están preparado para el día después y son “retirado” por el deporte cruelmente, ya que esos jugadores no supieron despedirse a tiempo (sucede regularmente). Norberto Alonso lo supo hacer aunque declaró sentir un frío de muerte. Gatti no. Francescoli tardó un año en concretar su fiesta de despedida, luego de haber anunciado su retiro. Zidane ya había tomado la decisión, pero fue empujado por la tarjeta roja de Elizondo, luego de un gran Mundial jugado por el francés.

Quién soy
El futbolista sube de manera vertiginosa y desaparece de la misma forma. Sava es el ejemplo de que, aun estando en terapia y con dos profesiones asistiéndolo, le costó decir basta. Imaginemos si del otro lado de la línea espera la nada o el vacío, porque el jugador que se despide lo único que sabe hacer es patear una pelota. ¿Cuándo y cómo decir no?, ¿qué será de su vida?, ¿cómo llenará el día?

Dice la Licenciada Romina Plataroti**: “Sin embargo, esto que parece tan fácil no lo es tanto. La pregunta que me realizaba en el momento de mi retiro era la siguiente: si yo sólo soy por lo que he realizado en mi carrera deportiva, si las personas me reconocen sólo por mis medallas y logros, si ya no me encuentro participando de las competencias donde los obtuve, ¿ahora quién soy? Indudablemente, se enfrenta a una seria crisis de identidad y a una temida y angustiante pregunta (quién soy), equivalente a qué soy. Estos interrogantes fueron los que me llevaron a inferir dos cuestiones en relación a este tema: si bien un deportista retirado puede encontrarse transitando un duelo por la culminación de un ciclo, a su vez se encuentra viviendo en varias oportunidades una crisis de identidad. Algo se pierde con el abandono de la actividad que se ha realizado por tantos años, pero no sólo se trata de un estilo de vida sino que también se deja atrás una identidad: la de deportista”.

Qué soy
El retiro, entonces, es la pérdida de esa vida conformada por las escenas conocidas y significativas. Es la caída de todo aquello que le dio identidad al atleta y una imagen de sí mismo. Y esa pérdida produce dolor, que debe ser admitido y elaborado en un proceso que llevará tiempo, angustia, nostalgia, tristeza, pena, pero que será la única vía de aceptación de la nueva realidad personal y la posibilidad de sustitución. Futbolistas que pasan a ser preparadores físicos, directores técnicos, periodistas, representantes. Sólo un 1% de los deportistas retirados pueden seguir ligados al deporte.

Es de importancia establecer que el retiro puede producirse de una manera previsible o de un modo traumático, inesperado, fuera de cálculo. Nos referimos al retiro como efecto de una lesión de la que el deportista no pudo recuperarse (retiro accidental). En estos casos, encontramos un elemento que dificulta aún más la elaboración y aceptación de la pérdida. Ahora bien, así como el jugador puede encontrar en el juego patológico una salida para vehiculizar sus dificultades psíquicas, también esto puede significar la entrada a una conducta compulsiva, adictiva, a un círculo vicioso. Por no aceptar perder, esa parte que conformó su identidad, vía duelo patológico, puede llevar al deportista a perderlo todo.

Facundo Sava comentó que “la mayoría piensa que, si deja, algo va a encontrar, que ya verá, que tiene un amigo que lo puede ayudar porque tiene un negocio. Así se depende de otro, y la idea es que se dependa de uno mismo. Sin nada que hacer se deprime, la panza le crece y ya no es lo mismo. Ese teléfono no suena, es el abandono. ¿Qué hacer con los ahorros? ¿Y si los ahorros no existen? ¿Qué es la vida sin proyectos? ¿Qué es la vida si no se juega a algo? Cuando el fútbol deja de ser parte, la vida pasa a un costado, se va. Es necesario tener iniciativa, mirarse hacia adentro para saber lo que puede gustar. Porque a la vuelta de la esquina todo puede ser oscuro si no se tiene vocación para otra cosa. Entonces llega la depresión, las personas medicadas, el suicidio”.

Más
Observemos qué dice Miguel Ángel Brindisi, actual entrenador: "El día después es muy duro, durísimo, porque uno piensa que está preparado para enfrentar la vida y de repente se topa con otra realidad. Cuando se dan situaciones catastróficas y en el ambiente se comentan los casos, hay muchos que te dicen ´A mí también se me pasó por la cabeza la idea de suicidarme´. Hay un latiguillo (´lo único que supe en mi vida es patear una pelota´) que repiten los jugadores y resulta dramático. Por eso a mí me gusta lo que hacía Carlos Griguol, eso de exigirle al jugador que haga algo paralelo, que tenga una orientación más allá del fútbol. Yo recuerdo unas palabras de José Yudica en la revista El Grafico, que me marcaron: ´el día que dejé el fútbol empecé a morir un poco". Me llegó mucho, me sentí identificado. Por ahí, cuando sos jugador renegás y repetís que querés salir de este mundo, pero después te cuesta muchísimo. Para mí esa experiencia fue terrible, durísima".

Siguiendo una investigación de Torregrosa, Sánchez y Cruz***, a juzgar tanto por los medios de comunicación como por los trabajos de investigación, la lista de deportistas de élite que han experimentado problemas de adaptación después de retirarse de la práctica deportiva de alto nivel es considerable y, en algunos casos, pública (Maradona, George Best, etc). 

Por último, tomando las ideas de Nelly Giscafré****, se advierte lo traumático que puede ser el proceso emocional del atleta retirado. “La patología en el retiro del deportista profesional se produce porque éste adquiere un alto grado de reconocimiento. Con la colaboración del periodismo, su yo es inflado; pero en determinado momento su yo pierde el reconocimiento. El deportista, por llegar a ese lugar, ha dejado de lado otros aspectos y se pierde el sentido de vivir. La sensación de vacío es lo más traumático del retiro. La crisis la tienen todos, algunos salen bien y otros no. Cuanto más flexible sea el deportista, más fácil le va a resultar salir de la crisis”.

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