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El verdadero valor de salir segundo

Hace algunos días que vengo pensando en esta columna que comienzo a escribir.

Hace tiempo que lo pienso, y es tiempo de expresarme.

Debo confesar que tengo bronca. Y tal vez sea yo, el que esté equivocado. No lo sé, y tampoco lo tengo muy claro.

Lo cierto que el poco valor que se le ha dado al subcampeonato de América, obtenido por la selección Argentina en la pasada edición disputada en Chile, y todas las críticas recibidas los días posteriores, realmente me llamaron la atención.

Tal vez debería centrarme en el campeonato obtenido por Chile. Sí, puede ser. O no.

Porque en realidad me ocupa otra cuestión, y tiene que ver con el poco valor que se le da en muchos casos al segundo puesto.

Hay un triste dicho, que dice, "del segundo no se acuerda nadie”. Puede ser, pero no estoy para nada de acuerdo, además de creer que es un pésimo mensaje para los niños que comienzan a practicar y disfrutar del deporte.

El segundo puesto es muy válido, y es una variable del juego. Para que haya un segundo, debe haber un primero. Y es probable que el primero le haya ganado al segundo porque fue superior en la instancia que le toco enfrentarlo.
Ahora. ¿No vale nada haber llegado a una instancia decisiva? ¿No vale nada todo el trabajo y la dedicación que le insumió el segundo haber llegado hasta ahí?

Las horas, los días de preparación. Todo lo que dejó de lado para llegar de la mejor manera a esa competencia.
Es injusto aferrarse de esa frase, y es injusto que los analistas digan que alguien no dejó todo para ganar una final.

Más allá de jugar muy mal la final, ¿a alguien se le ocurre que Messi no quiso ganarla? ¿A alguien se le ocurre que Messi dejaría unas buenas vacaciones en la playa con todo el confort del mundo, para ir a Chile a jugar con la selección y no intentar ganar?

Es insólito, absurdo, incoherente, hasta estúpido. Y realmente me duele que en la mayoría de los analistas, la vara se mida con un triunfo o una derrota.

En la Argentina, particularmente la crítica es despiadada, y jamás se tienen en cuenta contextos o situaciones particulares de quienes compiten, o ni si quiera analizan contra quienes compiten.

Me voy a ir del fútbol, y me voy a meter en el deporte en general, porque históricamente, la Argentina ha tenido grandísimos deportistas y grandísimos equipos que han estado bajo la sombra de otros.

¿O nos olvidamos lo que le costaba a Gaby Sabatini, ganarle a Stefi Graff?... O el Lole Reutemann de quienes todos se ríen de él, por ser un eterno segundo. ¿Los Pumas? ¿Qué ganaron? Y sin embargo nadie les dice fracasados. Todo lo contrario. Son ejemplos de superación, de fortaleza mental, de no achicarse ante los mejores, de enfrentarse contra otros que tienen mejores recursos.

La lista es larga. Es eterna. Son muchos los ejemplos donde el segundo, tercero, cuarto o el lugar que sea, es sumamente valido y lo debemos aplaudir.

¿O Wimbledon le dio la espalda a Federer tras perder con Djokovic esta última final? Todo lo contrario, lo aplaudieron de pie.

La intolerancia es lo que mata la esencia del deporte. El “resultadismo” barato, exigido desde un pupitre o desde el living de la casa, lo único que hace es acelerar la frustración. Pero no del que perdió, sino del que lo criticó.

Valoremos el trabajo, valoremos el esfuerzo, y entendamos que mientras haya competencias, solo habrá un ganador.

Acerca del autor

Máximo Palma

Máximo Palma

CEO de Marketing Registrado. Conductor de Central Fox.

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