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Messi no puede solo

Al margen de tratarse de una falta de carácter deportivo o de que haya involucrado aspectos de la vida privada, las lecciones que nos dieron los casos Armstrong y Tiger Woods en el ciclismo y el golf en su momento, respectivamente, arrojan una desazón ética como denominador común que las figuras públicas transmiten en hechos de tales características, más allá del escándalo mediático propiamente dicho, factor que también colabora a que el impacto se propague como un virus en cuestión de horas.

Dentro de ese marco de decepción se ve afectada gran parte de la sociedad como seguidora de tales celebridades pero salpica también a las empresas/marcas patrocinadoras como transmisores de valores. No es casualidad entonces toparnos con comunicados de prensa en donde muchas de ellas explican los motivos por los cuales no seguirán apoyando tales proyectos. Y poco a poco, la celebridad se va encontrando rodeado únicamente por imágenes retro.

La situación reinante en la Asociación del Fútbol Argentino no habla un idioma muy antagónico a lo anterior descrito. Los sucesos que avergonzaron (y siguen provocando indignación) a todos los argentinos sistemáticamente a lo largo de los últimos años no son gratuitos en absoluto. Al igual que las celebridades, la AFA es también una marca; una organización de carácter comercial que convive y compite de igual a igual con otras, con una personalidad definida, un ADN propio, una estructura dada… y un valor percibido. Cuántas veces hemos leído que nuestra asociación de fútbol reclama más dinero a sus patrocinadores al darse cuenta de que otras federaciones perciben sumas sensiblemente mayores? En este sentido, la AFA tiene que hacer una revisión introspectiva y preguntarse las razones por las cuales se encuentra en esta penosa situación. Ese valor que la entidad va perdiendo con el correr del tiempo es tan sólo la punta del iceberg y es lo único visible de los problemas que afloran en todos los flancos, sea por negligencia, dolo, corrupción o impericia.

Es inviable que un modelo de dependencia sea exitoso en el largo plazo. Lamentablemente (a esta altura no me queda claro si habría que hablar de milagro) el tener una fuente inagotable de jugadores con categoría técnica por encima de la media nos ha jugado en contra en el sentido de que nos fiamos tan sólo de ellos, sin acompañarlos con una estructura que además de sostenerlos, los potencie. Pero si nos centramos en la debacle de nuestro fútbol como plataforma, sí podemos decir que los logros de nuestra Selección Argentina han sido milagrosos: hemos llegado a los partidos decisivos de los últimos tres eventos futbolísticos más relevantes del mundo.

No se pudo coronar con la frutilla del postre y por supuesto me duele en el alma como hincha, pero lo que nuestros jugadores lograron fue una verdadera hazaña (con esta declaración también sostengo que han sido injustamente criticados por ser segundos), un oasis en medio de un desierto que parece crecer cada día más. Pero en el medio de esas finales nos olvidamos de lo que ocurrió, por ejemplo, con los entrenadores: en tan sólo 5 años, tuvimos más de cuatro, y yo me pregunto cómo podemos crear una identidad de juego sólida si damos el volantazo cada fin de semana.

Lo mismo ocurre a nivel “marca AFA”. Tener elecciones con un empate que supera la ficción, una estructura financiera deficitaria en todos los rincones, inconvenientes políticos para organizar los torneos, y la ausencia absoluta de un plan a largo plazo son algunos ejemplos que nos sirven para darnos cuenta del porqué es cada vez más difícil obtener contratos marcarios rentables y acordes a los jugadores que presenta nuestra plantilla.

Si la AFA no revierte esta situación cuanto antes, se encontrará caminando en soledad sin darse cuenta luego de ir salpicando las camisas de sus socios estratégicos, y no habrá Messi que la saque del fango, quien vale mencionar nos viene salvando desde hace un largo tiempo pero quien paralelamente se muestra más molesto con sus malos comportamientos.

La Argentina es potencia futbolística pero no se ve plasmada fuera de las canchas. Necesitamos que el banco de la Selección sea atractivo nuevamente para que todos los entrenadores dejen sus vidas por sentarse durante un largo período en él, y para lograr eso hay que refundarla verdaderamente a efectos de que su valor comercial sea potenciado y que las marcas también peleen por patrocinarla. La percepción es un ciclo que se retroalimenta, de eso no hay dudas, pero puede hacerlo tanto de forma positiva como también erosionar todo lo que se presente a su paso.

Desde el punto de vista comercial, hemos desperdiciado a los dos mejores jugadores de todos los tiempos, y debemos comprender que ellos no pueden lograr todo en soledad: necesitan de esa plataforma que los potencie y complemente, que los ayude a vender mejor nuestro fútbol como marca. Cuando nos preguntamos por qué otras federaciones poseen arcas más abultadas, analizamos acaso las respuestas o pretendemos caprichosamente (y por qué no, soberbiamente) estar a la misma altura que los mejores del mundo? Que quede remarcado: con Messi sólo no alcanza.

Acerca del autor

Juan Manuel Rodríguez Cortes

Juan Manuel Rodríguez Cortes

Licenciado en Administración. Especialista en Marketing.

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