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Cosecharás tu siembra

Luego de ser intendente de Corrientes, Carlos Espínola llegó a la SDN. S&E entrevistó a Camau y elaboró un análisis imprescindible de la gestión Morresi, de los ODESUR y del futuro deportivo, económico y político del área. Por Ernesto Rodríguez III.
Martes 24 de Junio de 2014
Carlos Mauricio Espínola no es de achicarse en las bravas. Al correntino le gustan los desafíos picantes. En el momento de mayor brillo de su carrera, tras haberse colgado las platas olímpicas de Atlanta 1996 y Sydney 2000 en la clase Mistral, hizo lo que pocos: cambió de barco.

Tras evaluar que la tabla de windsurf le generaba un desgaste físico extremo, prefirió armar equipo y se subordinó a uno de los mejores navegantes del planeta, Santiago Lange, para competir en Tornado. Como primer reto, la dupla decidió unir Buenos Aires y Mar del Plata, una ruta de 285 millas náuticas (unos 530 kilómetros) con un catamarán híper liviano pesado para regatas de 45 minutos. Una tormenta los hizo alejarse de la costa y pasar casi un día a la deriva, hasta que los pudieron rescatar. “Si salimos de esta, no nos para nadie”, afirmó Camau tras la experiencia con la que abrió una relación que lo llevaría a otros dos podios olímpicos en Atenas 2004 y Pekín 2008. Espínola fue uno de los niños mimados de la gestión de Daniel Scioli en la Secretaría de Deporte de la Nación (SDN) junto con los ciclistas marplatenses Juan y Gabriel Curuchet.

Una vez que terminó su impecable carrera deportiva, Camau se introdujo en la vida política y, de la mano del Frente para la Victoria, ganó la elección para conducir la intendencia de Corrientes entre 2009 y 2013. En septiembre último, pese a que los números previos marcaban una derrota, no se amedrentó y fue el representante del FPV para intentar quitar del sillón provincial a Ricardo Colombi. Si bien no pudo parar la reelección del radical, el gesto fue bien recibido por su socio político, Jorge Capitanich, quien trajo su nombre en la agenda cuando pasó a ser Jefe de Gabinete.

Yo, Claudio
Claudio Morresi era uno de los funcionarios más antiguos de la administración K. Entró en escena durante agosto de 2003 secundando a Roberto Perfumo, quien se hizo cargo de la SDN tras la asunción de Néstor Kirchner. Un año más tarde tomó las riendas, luego de la renuncia del Mariscal, y sobrevivió al traspaso de banda presidencial gracias a su excelente relación con Alicia Kirchner. Hábil negociador, el balance de su gestión muestra como punto alto la gestación del Enard (el ente que se sostiene con el 1% de la facturación de la telefonía celular), el retorno de los oros olímpicos tras una sequía de 52 años (aunque la mayoría se consiguieron en deportes autosustentables como el fútbol y el básquet) y la reimplantación de los Juegos Evita. Como déficit cuentan la caída del deporte de alto rendimiento, que pasó de ser potencia regional a quedar séptima en los Juegos Panamericanos 2011, la peor posición histórica; un escaso apoyo a los clubes, entendidos como las instituciones de base para la generación de deportistas y la falta de un plan nacional de detección de talentos.

Teniendo en cuenta que manejó unos u$s315 millones durante su mandato, queda claro que recursos no le faltaron a la gerencia de Morresi, aunque cabe analizar la manera en la que fueron gestionados. Si bien el monto global que recibió su área desde el erario público creció de $36 millones en su primer año al frente de la SDN (unos u$s11 millones al cambio de ese momento) hasta los $271 millones que dispondrá la Secretaría para 2014 (alrededor de u$s34 millones), el alto rendimiento perdió participación dentro de la torta: si en 2004 importaba el 61% del total de gastos, una década más tarde sólo se le dedicará un 29%, demostrando la intencionalidad de priorizar el deporte social que se le otorgó al espacio tras quedar bajo el paraguas del Ministerio de Acción Social.

Al mismo tiempo que desde Balcarce 50 se tomaba nota de la disciplina partidaria de Camau al presentarse a unas elecciones muy complicadas, la figura de Morresi perdía fuerza, desgastada por una década en la función y la creciente importancia que cobró Luis Vivona (subsecretario de Planeamiento y Gestión Deportiva) dentro del manejo de los Juegos Deportivos Evita, la joya máxima de un programa de actividades de deporte social que contará en 2014 con un mínimo de $72 millones para gastos.

El 2 de febrero último, cuatro decretos consecutivos marcaron un cambio de figuritas en las oficinas del Cenard. El 123/2014, firmado por Cristina Fernández de Kirchner y su cuñada, aceptó la renuncia de Morresi (quien ese mismo día seguía mostrando en su perfil de Twitter su cargo de Secretario de Deporte), agradeciéndole los “valiosos servicios prestados”. En el siguiente, ambas funcionarias y Capitanich rubricaron la designación de Espínola como reemplazante de Morresi. Con el 125/2014, los mismos tres avalaron la creación del Observatorio Nacional del Deporte y Actividad Física, cuyo gasto "será atendido" por el Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales (a cargo de Alicia K). Y con el 126, los tres referidos mantuvieron a Morresi en la esfera pública, designándolo Secretario de dicho ente de contralor del deporte formativo.

Espínola dixit
Camau se convirtió en el tercer olímpico en ocupar el máximo cargo deportivo de la Nación tras Perfumo y, antes, Marcelo Garraffo. Fiel a su espíritu y con el roce que le dieron cuatro años de trabajo comunal, se reunió con los periodistas para establecer abiertamente los principios que seguiría su gestión. “Cuando volvía al país con una medalla, empecé a entender que el deporte era un motivo de orgullo, de felicidad y de reconocimiento de la gente. Un deportista es un ejemplo de trabajo, de planificación y de sacrificio. El deporte aporta motivación y valores. Cuando entré a la vida política aprendí que desde el Estado existen muchísimas alternativas para cambiarle la vida a la gente. El deporte sigue siendo la mejor herramienta de trabajo social. Entendí que con una cosa chiquita que hagas, le podés cambiar la vida a la gente”, explicó Camau.

-Con un mínimo de 20 meses de trabajo asegurado, que es a la vez mucho y poco tiempo, ¿cuáles son tus prioridades?
-La idea es recorrer el país entero para generar infraestructura que hace falta en el interior del país. Abrir centros de mediano y alto rendimiento. Estamos abiertos a las propuestas desde las intendencias y gobernaciones comprometidas a desarrollar lo que tienen para que el deporte llegue a todos los sectores de la sociedad. Y queremos trabajar con los clubes y organizaciones barriales, porque es una decisión política del Gobierno.

-¿Cuáles son tus objetivos para el deporte del alto rendimiento?
-Un desafío es conseguir mayores recursos para generar más infraestructura. Incorporar a la ley que generó el Enard ese punto para que pueda invertirse en nuevas obras. Además, buscar mecanismos para que la Secretaría de Deporte sea más eficiente en la parte administrativa para el tema de becas y pagos de subsidios.

-¿Qué modelo de gestión rescatás?
-Hay muchos modelos exitosos en el mundo, como el plan ADO español o cosas que lograron los australianos. Uno puede copiar, pero el desafío es adaptarlo y que funcione en la Argentina. Para mí fue muy importante que desde 2010 esté en funciones el Enard pues desde allí estamos llevando adelante un plan de búsqueda de talentos para los Juegos Olímpicos de la Juventud de Buenos Aires 2018 que muestran una planificación como nunca se tuvo.

-¿Cómo vas a normalizar las federaciones en las cuales los deportistas son rehenes de la dirigencia por el tema de becas o viajes?
-Hay que encontrar mecanismos para controlar a las federaciones. ¿Cómo? O lo hacés con un proceso de renovación en las federaciones o de una manera dura. Es un desafío en el que vamos a tratar de avanzar.

Juegos Odesur, tiempo de balance
Pese a no haber formado parte de la preparación para los Juegos Odesur, la competencia sudcontinental celebrada en marzo en Santiago de Chile marcó un punto de partida para Espínola. En la previa, el correntino se mostró ubicado en cuanto a las posibilidades de la delegación nacional. “No sé si en este contexto argentina va a tener los resultados que se lograron en otras etapas”, había adelantado Camau.

La actuación en la capital trasandina, en donde se mantuvo la cuarta colocación a la que se había descendido en Medellín 2010, puede calificarse como un empate técnico con claroscuros. Argentina llevó una delegación de 498 deportistas, casi la misma movilizó a la cita colombiana (545 competidores, un 8% menos) para tomar parte de 316 competencias con oros en juego, en lugar de los 486 oros que se disputaron en 2010 (una baja del 35%). Aquella vez Argentina se colgó 240 medallas, 57 de ellas doradas (24%), pero ahora hubo un descenso en números absolutos (un total de 159 con 46 de oro) que mantuvo la tendencia, aun cuando los entrenadores nacionales aspiraban a ganar 60 pruebas.

Esa cosecha ubica al deporte nacional detrás de Brasil (que sin movilizar a todas sus figuras logró 258 preseas, 110 de ellas doradas), Colombia (acumuló 166 podios, 53 de ellos en el escalón más alto) y la alicaída Venezuela (sumó 150 medallas, 47 áureas). Chile aprovechó su localía y la inversión millonaria en infraestructura y desarrollo deportivo (cerca de u$s80 millones) para mantener el quinto lugar aunque aumentó en 20 el total de preseas (129, con 27 doradas).

¿Nos ganan porque tienen más recursos? No parece. Brasil, miembro del BRIC (bloque formado por Brasil, Rusia, India y China) y una de las potencias planetarias, está en otra dimensión. El Comité Olímpico Brasileño (COB) recibirá sólo este año u$s45 millones gracias a la Ley Agnelo-Piva, que grava el 2% de todas las loterías. Además de eso, gracias a otras exenciones impositivas, la mayoría de las Confederaciones gestionarán una cifra similar por acuerdos privados. En el caso de Colombia, el ente nacional Coldeportes movilizó u$s190 millones para el último cuadrienio, mientras que Venezuela destina, dentro del presupuesto que maneja el Instituto Nacional de Deportes, unos u$s40 millones por temporada a la actividad de élite. El caso nacional está en concordancia a estos números: entre lo que aportó la SDN y el Enard, se dispuso en 2013 de algo más de u$s51 millones, cifra que se mantendrá en 2014 pese a la devaluación en virtud del alza de la facturación telefónica.

Una explicación que se escuchó desde los despachos oficiales es que el programa de deportes de Odesur no es el más favorable para Argentina. ¿Cuánto le dolieron los cambios de planes a nuestra delegación? Las disciplinas que figuraron cuatro años antes y no fueron incluidas ahora habían reportado sólo cuatro podios (un oro). Los que ingresaron ahora sumaron seis medallas (tres doradas). Sí complicó mucho el recorte de actividades, sobre todo en remo, canotaje, tiro y patín carrera, deportes en los que se sumaron 24 medallas tras conseguirse 72 en 2010.
Son seis las grandes familias de deportes que integran el programa de los juegos multideportivos: los actividades de tiempo, marca y precisión (atletismo, natación, ciclismo, pesas, tiro, arquería, patín carrera y pentatlón moderno); acuáticos (remo, canotaje y yachting); de combate (boxeo, lucha, esgrima y artes marciales); de equipo (fútbol, vóley, básquet, rugby, hockey y demás); de performance (gimnasia deportiva y rítmica, patinaje artístico, esquí náutico, saltos ornamentales y equitación) y de enfrentamiento directo (tenis, tenis de mesa, bádminton, bowling, golf y equitación).

Argentina ratificó que es potencia en disciplinas náuticas (logró 22 medallas con 25 en disputa, cuando había sumado 40 de 44 en 2010) y en equipos (14 preseas con 15 podios en juego ahora contra 10 de 14 en 2010). Hubo una mejora en los deportes de enfrentamiento directo (se triplicó el porcentual de oros, hasta lograr el 14% en disputa y subió el coeficiente de podios, de 40% a 52%), mientras se mantuvo el bajo nivel en actividades de marca (en ambos Juegos se lograron sólo el 8% de los oros en disputa). También hubo una retracción en los deportes de combate, uno de los puntales de la historia olímpica de nuestro país, ya que si bien los porcentajes son similares, la pérdida de 30 competencias generó un déficit de 19 medallas. El descenso más notable se dio en las disciplinas de performance: pasamos del 55% de los podios al 44%. Y el total de oros en este ítem bajó, comparativamente, un tercio con respecto a Medellín.

Sin que haya actividades que muestren una notable evolución, al contrario hubo deportes que marcan un gran debe. Los que más decayeron fueron el ciclismo de pista y ruta (de una docena de preseas bajó a sólo dos), judo (pasó de 14 medallas –cuatro oros- a la mitad –una dorada-) y esquí náutico (la ausencia del lesionado Javier Julio implicó pasar de nueve podios -cuatro oros- a sólo cuatro -una dorada-). Para simplificar, y sin realizar conjeturas finas sobre inversión y capital humano de nuestros rivales de la región, un alto conocedor del deporte nacional con más de 25 años de experiencia en la élite, lo explicó con un ejemplo clarísimo: “Argentina moviliza 16 deportistas para una medalla. Colombia o Venezuela mueven la misma cantidad de gente para 16 medallas. Pero si yo ofrezco jugar a un juego de equipo o practicar una disciplina individual, a los argentinos siempre nos tira más la pelotita”.
Espínola, que también quedó a cargo del Enard, sabe que carga sobre sus hombros la participación en los Juegos Panamericanos de Toronto (en julio de 2015) y la preparación esencial para los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro en agosto de 2016). El ente ha manejado en sus cuatro años de gestión más de $600 millones (unos u$s125 millones) y es el think tank del deporte de élite. “La actuación en los Odesur servirá para ajustar nuestros programas para los Panamericanos y los Juegos Olímpicos. Es una oportunidad muy importante para articular acuerdos con Brasil para que nuestros atletas puedan aprovecharlo y crecer. Si no, nos quedaremos muy lejos del mundo”, afirmó convencido.
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