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Integración federal y regional e inclusión social

Martes 2 de Septiembre de 2014
Tengo una visión sobre el Turf. El Turf nuestro de cada día. De la actividad hípica, de la industria hípica, de la competencia y el evento hípico.

Es una visión conceptual y estratégica en la cual creo profundamente -no como un acto de fe sino de convicciones profundas-, que he ido forjando desde que ingresé a la Secretaría de Carreras del Hipódromo de Las Flores en Santa Fe, a los 16 años. No es necesaria aquí una biografía personal, pero puedo decir que he podido servir a una causa y que esa causa hoy sigue necesitando de la construcción de puentes, forjados en valores que nos permiten construir una sociedad más justa en igualdad de oportunidades.

¿Esa convicción tiene valor? ¿Un mundo tecnológico, digital y deshumanizado puede considerar que en una industria se pueda luchar por mejorar y dar identidad a miles de personas? ¿Puede a la gente todavía interesarle el prójimo?

Es una pregunta de conciencia, en el turf, inevitable. No hay solamente caballos corriendo. Hay millares de familias que viven de lo que hacemos, bien o mal, y que por esta circunstancia tienen identidad ciudadana, o no son nadie. ¡Vaya dirigentes del Turf, qué deber, qué obligación natural y ética tienen!

Mi visión es tan simple que la han querido hacer compleja. Creo, como argentino, en nuestro sistema de gobierno. Ergo, creo en un PAÍS FEDERAL y mi lucha y la de nuestra organización, y la de nuestros dirigentes es la DE UN TURF INTEGRADO de norte a Sur del país, con INCLUSIÓN SOCIAL. Este deseo es tan difícil de implementar? Es tan egoísta? Es exitista? Es disociador?

Sé que todas las verdades son relativas, pero objetivamente en cualquier actividad económica no hay SUSTENTABILIDAD sin el desarrollo de los MERCADOS INTERNOS. Entonces ¿por qué en esta bendita Nación se han cerrado los Hipódromos de Paraná (en pleno centro de la ciudad), Rafaela, Corrientes, Salta, Santiago del Estero y Mar del Plata, en las últimas dos décadas?

No he encontrado en la dirigencia metropolitana o de Buenos Aires ninguna respuesta satisfactoria a este interrogante. Es más, la pregunta no está en la agenda de aquellas asociaciones que se ARROGAN la representatividad del Turf ¿Les interesa tomar conciencia? ¿Les importa? La respuesta va de suyo: sólo se trata de generar mayor excedente. Pero ahora, lo que no entiendo, sin ruborizarme, no entiendo… ¿por qué ninguna Asociación ligada a esta actividad se preocupa por los suyos?

Porque con Hipódromos cerrados no habrá mercado interno, y no habrá carreras, y no habrá dónde colocar el stock de producción. ¿O seguirán creyéndonos originarios? Los espejos de colores no generan empleo, ni dignidad, ni construyen valores ni hacen una sociedad mejor.

Tengo mi opinión formada: necesitamos objetivos morales de nuestra propia tradición como país y como patria, del imperio de la ley y la libertad del individuo.

Es verdad, idealizo a nuestros Hipódromos provinciales, a nuestra gente y a esta lucha que seguiremos dando. Sueño que muchas voluntades entiendan esto como ideal y la vean como la veo: la totalidad del presente y la totalidad del futuro en el marco de un pasado rico y multicolor.

Se trata de dos décadas de la historia del turf argentino y su colonización. El mío es un juicio incómodo, pero verificable recorriendo el país. No hay amabilidad hacia el interior, sino ventajas. Podría decirse, un fatalismo geográfico.

Y aquí nuevamente me entusiasmo cuando en una penca, se fusionan los abrazos. Cuanto más adversas parecen ser la historia, la geografía y menos prometedor el material humano, más PROLÍFICAS son las oportunidades de heroísmo. Porque en nuestra historia son los individuos, hombres y mujeres -además de la geografía- lo que determinan la HISTORIA.

Y aquí otra creencia: me interesan principalmente las personalidades y la acción individual de quienes luchan -como en Mar del Plata o Paraná- por el deber cumplido, cuya recompensa es la REAPERTURA DE Hipódromos. La gloria está arraigada en una moralidad de consecuencias, de resultados reales, de buenas intenciones. Mi convicción podrá parecer ingenua, lo que prometo es que no es cínica.

No me engaño sobre nuestras realidades locales. Soy consciente de los errores de dirigentes provinciales. Pero no soy escéptico. Esta convicción de integración e inclusión merece la pena lucharla moral y estratégicamente. Diferencio el realismo del idealismo. Pueden, en principio, parecer que tienen los mismos objetivos, pero solo LA ACCIÓN asegura el ÉXITO. Debemos, federalmente, establecer prioridades morales. Debemos ser sensatos, para que estos errores e intereses que hoy predominan, no sean mucho más graves.

Una visión de integrar federalmente el turf e incluir socialmente es una visión enormemente humilde, pero en las actuales circunstancias, es un concepto heroico.
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