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Entre caníbales

La intervención de la justicia estadounidenseen el FIFAgatepone de manifiesto que las acusaciones de corrupción contra miembros de la Federación Internacionalconforman un caso que excede al fútbol. Por Ezequiel Fernández Moores.
Martes 30 de Junio de 2015
Hay algo en toda la trama del FIFAgate que me sigue provocando ruido. La intervención del Departamento de Justicia de Estados Unidos a través del FBI, es objeto de debate entre varios de los medios más respetados de ese país. En el resto del mundo, en cambio, es asumida como palabra santa.

El fútbol, sabemos, no es un deporte cuyos dineros afecten la vida cotidiana de los ciudadanos de los Estados Unidos. Es cierto, para el pago de sobornos, ejecutivos de TV y dirigentes de la FIFA usaron bancos de los Estados Unidos. Hubiese sido imposible no hacerlo. El dólar es la moneda globalizada que se utiliza para casi todo, sobornos incluidos. Directa o indirectamente, los bancos de allí, considerados casi como un modelo de codicia que provocó, inclusive, multas millonarias de la justicia, son hoy la herramienta de colaboración más importante de los jueces para comprobar la ruta de la corrupción. Hoy le toca a la FIFA. Mañana quien sabe a quién.

USA
Estados Unidos puso todo su aparato judicial para acusar a los dirigentes de fútbol con una ley antiterrorista. Es una ley polémica que, además, fue interpretada de modo polémico. Y todo, reitero, para investigar actividades ilícitas de un negocio que no afecta la vida de los estadounidenses, un país que llama soccer al fútbol y que, pese a lo que dicen muchos, difícilmente quiera apoderarse de un deporte que sí es religión en el resto del mundo.

Entonces, ¿por qué intervino tan decididamente Estados Unidos, de un modo aún más enérgico que cuando actuó contra los bancos? ¿Por qué si, por ahora, la acusación del FBI habla de sobornos por u$s150 millones, una cifra casi “ridícula” comparada con la multa de u$s6 mil millones impuesta poco antes a los bancos en una causa en la que, bueno es recordarlo, nadie fue preso?

Llevo más de 30 años informando sobre actos de posible corrupción y evidente arrogancia en la FIFA, la CONMEBOL, la CONCACAF y la AFA. Pero no puedo, ni quiero, hacerme el ingenuo con todo lo que ha sucedido. Siempre fue fácil moralizar a través del deporte. Sucedió cuando el Comité Olímpico Internacional (COI) le concedió a Pekín la sede de los Juegos Olímpicos de 2008. El mundo, que abre los brazos a cualquier negocio con China, pareció descubrir recién allí que en China no hay democracia.

Algo parecido siento en estos tiempos. Estados Unidos, el país del lobby legalizado, que escucha ilegalmente hasta a presidentes de países amigos y que no se somete siquiera al Tribunal Penal Internacional de La Haya, como sí lo hacen casi todas las naciones del planeta, saca sus mejores reflejos de sheriff universal “por el bien de los aficionados del fútbol”.

Otra vez la pregunta. ¿Por qué lo hace? Mientras casi todos aceptan dócilmente la acción de justicia y policía de los Estados Unidos, es dentro mismo de ese país que se hacen esta pregunta. Lo hacen porque saben como nadie que el fútbol no es allí un negocio que interese. Y una de las conclusiones más generalizadas es que el FIFAgate es un escándalo que excede al fútbol. Hay que estar en los países más poderosos de Occidente para comprender mejor cómo está hoy de complejo el vínculo con la Rusia de Vladimir Putin, justamente el país sede del próximo Mundial en 2018. Y para entender como nunca que el fútbol es mucho más que fútbol.
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