Liderar, motivar y comunicar
Las analogías y las diferencias de la psicología aplicada al alto rendimiento y a la empresa forman parte de un tema que fortalece los liderazgos, los grupos de trabajo y la tolerancia a la frustración. Por Marcelo Roffé / coautor del libro “Alto rendimiento, psicología y deporte”. Director de la Consultora “Alto rendimiento: del deporte a la Empresa”. www.marceloroffe.com
Martes 7 de Octubre de 2014
¿Cómo hacer para lograr que sus empleados rindan más? Para optimizar el rendimiento del personal de una empresa u organización, al igual que sucede en los deportes de equipo, la clave pasa, en gran medida, por la formación y la capacidad del líder (gerente, jefe, superior) para capacitarse y ejercer, posteriormente, ese liderazgo.
¿Cómo hacer para motivar a los dirigidos? (¿O mejor llamarlos conducidos?) ¿Cómo lograr que se sientan valorados? ¿Cómo ayudarlos a que arriesguen sin miedo al fracaso? ¿Cómo desarrollar un plan de negocios a corto, mediano y largo plazo? ¿Cómo consensuar metas? ¿Cómo seducirlos e involucrarlos en el proyecto? ¿Cómo comunicarse de manera eficaz y sin miedos?
Estos 20 años consecutivos trabajando en el deporte y, en especial, en el difícil y complejo mundo del fútbol, me han enseñado muchas cosas. He convivido con entrenadores cuyos estilos de liderazgo fueron muy distintos. He formado parte en la construcción de equipos de trabajo en el alto rendimiento y la clave del éxito ha sido la existencia de referentes que guíen y conduzcan equipos interdisciplinarios, tanto en el deporte como en la empresa. Lo que define a un líder, además de su poder de escucha y su capacidad para delegar, es que tenga seguidores.
Líderes
Queda bien decir “me gusta trabajar en equipo”, pero llevarlo a la práctica no es tan sencillo, por eso sobran jefes y faltan líderes. Por este motivo, sobran grupos y faltan equipos. Es mucho más difícil ser líder. El liderazgo es un tríptico necesariamente entrelazado: liderar, motivar y comunicar.
Y hay algo que es fundamental: el valor de la motivación, saber dónde dirigir la acción, diferenciar las metas de los sueños. Aprendí que los buenos entrenadores son los más seguros de sí mismos, aquellos que saben escuchar y que dan lugar a las otras especialidades. Los mediocres, no: son inseguros, no crecen ni dejan crecer, nunca dicen nosotros sino yo, se creen dueños de la verdad y, en la vereda de enfrente, los sabios son los que más humildad poseen, denunciando la soberbia de los mediocres. Un buen líder da confianza para que arriesguen sin castigar el error.
Motor
Alguna vez, un Director Técnico me dijo: “Aquel entrenador que no tenga el don de la anticipación, difícilmente sea un buen líder”. La palabra metas lo asociamos a misión y el término anticipación a visión. En la empresa, uno adquiere un saber hacer y, si bien existen altas exigencias, se puede ir convirtiendo en un experto y, tras esto, es difícil que el resultado de la gestión sea negativo.
El alto rendimiento es más difícil en el deporte, porque se puede dar todo y quedarse sin nada, vacío, como dijo Javier Mascherano al término de la final contra Alemania. Este mismo futbolista, luego de la devolución que le hice tras un test de motivación cuando participaba en las selecciones juveniles, me dijo, “¿Si soy tan autoexigente? Es que por ese motivo estoy en River y en la selección Argentina”.
Javier me autorizó a publicar esta frase en mi libro “Evaluación Psicodeportológica: 30 test psicométricos y proyectivos” (Marcelo Roffé, Lugar Editorial, 2009). La exigencia es el motor, pero en el alto rendimiento, tarde es igual a mal y justo, pero sin eficacia, también. Del Potro también dio todo y se quedó vacío, sin nada, en los dos partidazos que jugó en la Copa Davis, contra España en Sevilla, en 2011.
La psicología del deporte trabaja sobre variables claves de la fortaleza mental como la motivación, la concentración, la toma de decisiones (autoconfianza), el manejo de la ansiedad precompetitiva, el manejo de los miedos y las presiones, la tolerancia a la frustración, la cohesión grupal.
Ese 25% que no se entrena es clave y puede terminar torciendo el curso de un resultado, ante el equiparamiento técnico, táctico y físico.
Hay dos cuestionamientos claves, en los cuales trabajamos con estos deportistas para que “jueguen con ventaja”. El primero de ellos consiste en reconocer quién aparece en los momentos difíciles y el segundo refiere a saber qué les sucede después del error.
La mayoría no aparece en los momentos difíciles y, también, la mayoría se cae después del error. La psicología del deporte aporta su granito de arena para entrenar estas mentes en la adversidad. De eso se trata. Ni más, ni menos. Por este motivo, si bien se vio un buen Campeonato Mundial, son muy pocos los jugadores que han rendido más en la selección que en su club. El motivo, es la presión de representar al país, sea el que fuere, y este aspecto siempre hay que trabajarlo.
Finalizo con una frase que es válida para este caso y para los líderes de las empresas: “Ser un entrenador es hacer que las personas hagan cosas que no desean para alcanzar lo que desean” (Ton Landry, entrenador histórico de los Dallas Cowboys).
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¿Cómo hacer para motivar a los dirigidos? (¿O mejor llamarlos conducidos?) ¿Cómo lograr que se sientan valorados? ¿Cómo ayudarlos a que arriesguen sin miedo al fracaso? ¿Cómo desarrollar un plan de negocios a corto, mediano y largo plazo? ¿Cómo consensuar metas? ¿Cómo seducirlos e involucrarlos en el proyecto? ¿Cómo comunicarse de manera eficaz y sin miedos?
Estos 20 años consecutivos trabajando en el deporte y, en especial, en el difícil y complejo mundo del fútbol, me han enseñado muchas cosas. He convivido con entrenadores cuyos estilos de liderazgo fueron muy distintos. He formado parte en la construcción de equipos de trabajo en el alto rendimiento y la clave del éxito ha sido la existencia de referentes que guíen y conduzcan equipos interdisciplinarios, tanto en el deporte como en la empresa. Lo que define a un líder, además de su poder de escucha y su capacidad para delegar, es que tenga seguidores.
Líderes
Queda bien decir “me gusta trabajar en equipo”, pero llevarlo a la práctica no es tan sencillo, por eso sobran jefes y faltan líderes. Por este motivo, sobran grupos y faltan equipos. Es mucho más difícil ser líder. El liderazgo es un tríptico necesariamente entrelazado: liderar, motivar y comunicar.
Y hay algo que es fundamental: el valor de la motivación, saber dónde dirigir la acción, diferenciar las metas de los sueños. Aprendí que los buenos entrenadores son los más seguros de sí mismos, aquellos que saben escuchar y que dan lugar a las otras especialidades. Los mediocres, no: son inseguros, no crecen ni dejan crecer, nunca dicen nosotros sino yo, se creen dueños de la verdad y, en la vereda de enfrente, los sabios son los que más humildad poseen, denunciando la soberbia de los mediocres. Un buen líder da confianza para que arriesguen sin castigar el error.
Motor
Alguna vez, un Director Técnico me dijo: “Aquel entrenador que no tenga el don de la anticipación, difícilmente sea un buen líder”. La palabra metas lo asociamos a misión y el término anticipación a visión. En la empresa, uno adquiere un saber hacer y, si bien existen altas exigencias, se puede ir convirtiendo en un experto y, tras esto, es difícil que el resultado de la gestión sea negativo.
El alto rendimiento es más difícil en el deporte, porque se puede dar todo y quedarse sin nada, vacío, como dijo Javier Mascherano al término de la final contra Alemania. Este mismo futbolista, luego de la devolución que le hice tras un test de motivación cuando participaba en las selecciones juveniles, me dijo, “¿Si soy tan autoexigente? Es que por ese motivo estoy en River y en la selección Argentina”.
Javier me autorizó a publicar esta frase en mi libro “Evaluación Psicodeportológica: 30 test psicométricos y proyectivos” (Marcelo Roffé, Lugar Editorial, 2009). La exigencia es el motor, pero en el alto rendimiento, tarde es igual a mal y justo, pero sin eficacia, también. Del Potro también dio todo y se quedó vacío, sin nada, en los dos partidazos que jugó en la Copa Davis, contra España en Sevilla, en 2011.
La psicología del deporte trabaja sobre variables claves de la fortaleza mental como la motivación, la concentración, la toma de decisiones (autoconfianza), el manejo de la ansiedad precompetitiva, el manejo de los miedos y las presiones, la tolerancia a la frustración, la cohesión grupal.
Ese 25% que no se entrena es clave y puede terminar torciendo el curso de un resultado, ante el equiparamiento técnico, táctico y físico.
Hay dos cuestionamientos claves, en los cuales trabajamos con estos deportistas para que “jueguen con ventaja”. El primero de ellos consiste en reconocer quién aparece en los momentos difíciles y el segundo refiere a saber qué les sucede después del error.
La mayoría no aparece en los momentos difíciles y, también, la mayoría se cae después del error. La psicología del deporte aporta su granito de arena para entrenar estas mentes en la adversidad. De eso se trata. Ni más, ni menos. Por este motivo, si bien se vio un buen Campeonato Mundial, son muy pocos los jugadores que han rendido más en la selección que en su club. El motivo, es la presión de representar al país, sea el que fuere, y este aspecto siempre hay que trabajarlo.
Finalizo con una frase que es válida para este caso y para los líderes de las empresas: “Ser un entrenador es hacer que las personas hagan cosas que no desean para alcanzar lo que desean” (Ton Landry, entrenador histórico de los Dallas Cowboys).