Columnistas

Un mente perfecta

Por Julián Mozo. Periodista del diario Olé desde 1997. Autor de El Señor de los Talentos, libro sobre Manu Ginóbili Cubrió cuatro finales NBA, dos Mundiales de básquet y un Juego Olímpico.
Jueves 27 de Marzo de 2014
"Puede parecer mucho, pero en mentalidad Manu está al nivel de un Messi o un Kobe Bryant". Pepe Sánchez se anima a semejante elogio porque es uno de los compañeros que mejor conoce al Señor de los Talentos.

Justamente este valor ha sido un pilar fundamental para que Ginóbili haya construido su carrera. Porque él no fue un predestinado, como Messi y Kobe. De chico nadie creía que sería quien es hoy, pero el bahiense usó su poder psíquico para ponerse metas y nunca desviarse del camino hasta alcanzarlas.

Quizás usted se pregunte qué engloba la mentalidad. Uno de los temas es cómo superar los fracasos, derrotas y tristezas. ¿Cuánta gente talentosa quedó en el camino por no sobreponerse, por dejar de intentar o no aprender en las malas? Manu, en su infancia, no crecía (de altura) y eso lo tenía mal. Era una obsesión. Pero hizo todo lo que le aconsejaron hasta que pegó un estirón que ni siquiera su pediatra pensó que era posible. "Pareciera que le ganó a la naturaleza", asegura el DT Oscar Sánchez. También fue cortado en el seleccionado bahiense de cadetes, justamente por ser muy flaquito. Y se fue al descenso con su club, Bahiense del Norte, cuando tenía 17 años. Golpes que en su momento resultaron durísimos, pero él siempre reaccionó igual: llanto en soledad en su habitación y un juramento, no volver a vivir lo mismo. Y así fue. Gracias al poder de su mente.

Luego quiso jugar en la Liga Nacional, como sus hermanos. Y lo logró. Después irse a Europa. Y lo hizo. Más tarde pasar a un grande de ese continente. También lo hizo. Poco más tarde ser una figura europea. Y, en meses, con apenas 24/25 años, lo alcanzó. Le quedaba la Selección, con la que fue subcampeón mundial y campeón olímpico. Y la NBA, a la que había soñado con llegar de muy pibe. No sólo cumplió el sueño. También triunfó. Ganó (tres títulos) pero sobre todo dejó un legado. Todo estuvo en su cabeza. Para todo tuvo un plan y nada pudo desviarlo, ni siquiera los obstáculos más difíciles.

Manu tuvo la mentalidad para trabajar en su cuerpo y en su juego cuando ni siquiera era profesional. Luego esa misma mente lo llevó a La Rioja, lejos de su casa, para debutar en la Liga y hacer su primera experienicia. Más tarde, tras ser una figura nacional, a dar el salto a Europa, a la segunda división italiana. Allí la dureza mental le ayudó a soportar las lecciones de técnicos duros como Gaetano Gebbia (Reggio Calabria) y Ettore Messina (Kinder). Y también a adaptarse a todo lo nuevo: país, liga, compañeros, rivales y árbitros. Y ser figura de un equipo chico primero, pagando derecho de piso, y luego a ser estrella de un poderoso como Kinder. Todo sin escalas y sin pasos atrás.

Ni que hablar de su mentalidad en la NBA. Llegó lesionado y tuvo bancarse jugar poco, lanzar menos, casi ni tocar la pelota y recibir retos del sargento Popovich. Lo hizo sabiendo que era lo que correspondía y que, tarde o temprano, triunfaría. Así fue en cada lugar. Por eso es apenas uno de los dos jugadores de la historia en ganar la Euroliga y la NBA. Por eso, además, dejó un legado en la mejor liga del mundo. Porque su mentalidad de hierro le permitió entender lo que las figuras estadounidenses recién ahora empiezan a aceptar: que se puede resignar brillo personal y ser 6º Hombre en beneficio del equipo. Pop se lo pidió y él, pese a ser una superestrella, aceptó. Y por eso ese premio, en el futuro, debería dejar de llamarse John Havlicek para pasar a ser el galardón Manu Ginóbili.

Por esto también, por su mentalidad, el bahiense nos deja otro aprendizaje. Un talento más del Señor de los Talentos.
Ir a la versión original de la nota »

Más noticias