Columnistas

Murales Urbanos

Por Rodolfo Sorondo
Jueves 3 de Julio de 2014
Me voy a referir a ellos desde dos costados: desde el sentimiento y desde la razón.

Lo que siento:

Encarar la hechura de un mural siempre me llena de sensaciones diversas, por un lado el sentir el cosquilleo de algo que se está gestando, que proviene de mensajes dados por un sitio específico, un ambiente urbano característico, una pared determinada, que queda en una casa que tiene vida propia, habitada ´por una gente que expresa y manifiesta deseos y necesidades particulares. Eso me provoca una gran euforia y ganas de hacer.

Desarrollar la idea y su cuento (mis murales son figurativos, siempre tienen un tema relacionado al lugar, su gente, la historia o algún raye personal mío), en un ida y vuelta entre lo que percibo del afuera físico, el adentro mío y los deseos de los destinatarios. Se convierte en una gestión ardua pero enormemente viva e interesante..
Conversar, debatir y enriquecer la idea con los involucrados es siempre apasionante y es inevitable que todo aporte, toda crítica y toda sugerencia mejore el conjunto.
Por eso siempre el mural está vivo.

Enfrentarse con el muro vacío y dar los primeros pasos de traslado del boceto a la pared, es como abandonar lo conocido ( la gráfica sobre papel, con herramientas a su medida) para dialogar con un ente autónomo que marca sus leyes de escala, perspectiva y entorno.
Este nuevo personaje, el mural materializándose, se torna un interlocutor válido y tirano que sugiere, manda y persuade de lo que está bien y de lo que está mal de la propuesta original.
A esto se añade el aporte particular de los mosaiquistas, ya sean los del equipo de murales, alumnos, espontáneos, vecinos o chicos de escuelas, los que se van sumando durante la hechura del mural, que suman una visión y un oficio propio al conjunto.

Se va terminando, se empastina, y ¡MURAL ACABADO!

Atrás quedan un montón de días de trabajo, de esfuerzo, de mateadas, discusiones, confraternizaciones, en fin, de vivencias de una obra hecha en conjunto por una cantidad importante de personas en una labor colectiva que no sólo deja una pared con una obra de arte, sino un conjunto de personas enriquecidas en todo sentido por haber sido partícipes de un hecho urbano y colectivo que ya pasa a formar parte del patrimonio de la comunidad.

Ha llegado el momento de inagurarlo y festejar con unos buenos choripanes y unos copiosos vinos. Y empezar a pensar en otro.

Lo que pienso:

El mural se ubica en espacios públicos y/o semipúblicos. Es mirado por muchos y por ese importante hecho, ha sido utilizado a través de la historia como elemento de comunicación masiva. Posibilita mensajes y narrativas.

Con relieves, con murales, con estatuas, el hombre contó sus historias, asentó sus gestas, adornó sus ámbitos, condicionó sus espacios, en definitiva, enriqueció su vida.
Desde las cuevas de Altamira hasta los grafiti de los baños públicos las paredes han servido de soporte a la comunicación oficial: (jeroglifos egipcios, estelas caldeas, columnas romanas, etc.) o al espotaneísmo popular:(pintadas políticas, mensajes de hinchadas de fútbol, de tribus urbanas, etc.).

Constituyen así un elemento importante en la conformación y cualificación del espacio urbano en todos los tiempos, sirviendo como elemento de ornato y comunicación a nivel masivo.

El estudio y análisis de ejemplos de murales a lo largo de la historia nos permite arribar a tres tipos de conclusiones:
Tanto en la toma de decisión acerca, del dónde, el sitio, el como, con quienes se realizará, el qué, los contenidos del relato y su mensaje, es necesaria la participación de gran cantidad de gente, conformando equipos de diverso grado de capacitación constituido por vecinos, alumnos de escuelas, talleres de arte y todo tipo de organizaciones comunitarias que tengan ganas de participar en el crecimiento de su entorno urbano.

Como reflexión final creo que la importancia de los murales urbanos es que expresan en forma contundente e inequívoca, que el sitio donde están ubicados, tiene un pulso ciudadano y comunitario vivo.

Creo que lo urbano es la gente y todas sus acciones, que conforman y cualifican los espacios que las contienen.

La vitalidad que reflejan los murales urbanos con sus formas y colores diversos y cambiantes que se modifican en el tiempo, es ni más ni menos la expresión plástica-espacial-arquitectónica de la comunidad que la genera, manifestándose en el tiempo y el espacio, en un lugar y en una época.

Es afirmación de identidad
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