Por ese palpitar
Dos atletas de alto rendimiento y embajadoras de la Huella Weber, Paula Pareto y Yesica Bopp, están trabajando en la etapa vinculada al deporte social creada por la empresa, siendo referentes de ayuda a clubes de barrio e instituciones carenciadas. Por Daniel Mancini.
Martes 23 de Septiembre de 2014
La conciencia colectiva dispone la crueldad cuando estimula como una certeza que la mujer y su entidad de género, se desarrollan en espacios que serían impropios. Es que a esa conciencia, la motiva una cultura incómoda ante la paridad con el hombre, que simplifica la relación mediante suspicacias que admiten sólo debilidades o fortalezas. El deporte es un desprendimiento cultural que sufre las consecuencias del desatino. Por eso, el criterio que llevó a una empresa como Weber a trabajar su imposición de marca en la Argentina mediante un sistema inédito de gestión deportiva, incorpora una simetría saludable. Paula Pareto y Yésica Bopp son dos embajadoras de la compañía que completan el editorial de trabajo de Weber con empeño de género: mientras tienen un sugestivo encanto natural, también seducen a través de sus procesos de razonamiento.
Pareto y Bopp trabajan en la etapa de vínculo y ayuda con el deporte social, desarrollada por el modelo del Grupo Saint Gobain. Desde el yudo (Paula) y junto al boxeo (Yésica), han comprendido que la preparación de un atleta de élite en nuestro país, desanda un camino transitivo: tiene relación con la superación de la adversidad, un síntoma genético del deporte formativo; luego, con las respuestas emocionales y, finalmente, con la maduración que sucede tras las etapas anteriores, que motiva el compromiso social.
“Cada atleta se va preparando con la base de elementos que trae de su experiencia de vida y luego, también, el deporte, con sus enseñanzas, ayuda a superar la adversidad. Por ejemplo, teniendo un lugar de entrenamiento lejos y la complicación que significan usar los medios de transporte, estás obligada a decidir cómo llegar a entrenar a una hora determinada y hacer todo lo posible para resolver el tema, buscando opciones. Me ha pasado de presentarme a entrenar tras una inundación, teniendo el agua a la altura de las rodillas. Una situación como esta, refleja al deportista y a su decisión por superar problemas para lograr su objetivo”, admite Paula. Yésica coincide: “Uno busca los mecanismos y las herramientas para que nada lo frene. La adversidad también funciona como un motor para llegar a una meta, seguir detrás de ella y poder entender todos los costados que tiene un atleta profesional. De todos modos, hay otros elementos para superar los inconvenientes como el trabajo de la autoestima y la posibilidad de estar bien con nosotros mismos. Es obvio que nos enfocamos en el deporte olvidando, a veces, nuestra parte profesional pero tanto Paula, que es médica traumatóloga, como yo, que estoy estudiando psicología social, estamos cuidando y trabajando, fuera del deporte, nuestra función personal”.
Sensibilidad
La empatía surge de sus ojos. Pareto controla el ámbito con su mirada y Bopp lo hace transmitiendo su ansiedad al observar, al recrear. La sensibilidad, la proyección de las ideas y el trabajo social invaden el ámbito y los conceptos. Generan un espacio de coincidencias para poder identificarse. Están de acuerdo. “Siempre comento que el deporte tiene una vida útil y después hay que seguir, aumentando los elementos que nos permitan vivir la etapa post competencia. Me gusta la medicina, hice la carrera y me recibí aunque tuve mis problemas, pero entendí que todo se puede resolver. El deporte aporta eso: herramientas para tomar un objetivo y buscar conseguirlo”, explica Pareto.
Bopp se suma. “En relación a lo social, el deportista sabe las falencias que hay en su disciplina. Entonces, desde la problemática social, apuntamos a eso: reconociendo las carencias que tuvimos como deportista en el inicio de la carrera, vemos de qué manera podemos ayudar y ser útiles para resolver las situaciones. Trabajar en la parte social es llegar a todos aquellos límites que vimos y vivimos, sin poder darle la importancia necesaria para solucionarlos en ese momento porque debimos priorizar nuestra preparación. Ahora, gracias a Weber y a su criterio de gestión para el deporte social, podemos aportar en este aspecto con una herramienta”.
Empresa y compromiso
“Nuestro aporte en lo social será el de tapar esos baches que fuimos viendo y superando en la actividad deportiva. El compromiso es usar la experiencia que tenemos y colaborar con escuelas o en el trabajo permanente con chicos carenciados. Para esto, el vínculo ha sido nuestra relación con Weber”, se adelanta Yésica. Paula reflexiona. “Es bueno poder razonar sobre lo que debimos superar como límites en nuestros comienzos para hoy poder ayudar a que los chicos que comienzan en nuestras disciplinas, puedan llegar a cumplir sus objetivos en forma más efectiva. Esto no significa que el camino será más fácil. La idea es acomodar todo lo que entorpece la llegada a la alta competencia. Es muy importante que quienes comienzan en el deporte, no tengan que sufrir los errores que superamos en nuestra formación, de los cuales aprendimos. Se puede ayudar en este tema con nuestra experiencia y aportar en la ayuda social es una alegría personal para nosotras. Lo logramos de la mano de Weber porque sucede que, uno quiere trabajar este aspecto y no encuentra el lugar o el momento para desarrollarlo”.
Ambas tienen deberes puntuales. Bopp en Avellaneda y en Concordia, Entre Ríos. “En Avellaneda vamos a arreglar un vestuario de un club y en Concordia, a intentar reformar la estructura del gimnasio y los vestuarios de la Escuela Municipal de Boxeo, que están muy deteriorados”. Pareto tiene sede en Lanús. “Mi meta es ayudar al Club Atlético Victoriano Arenas, una institución de barrio donde también se practica yudo. En el club, la gente trabaja para refaccionar sectores claves y hacen todo a pulmón y con el mismo objetivo común. Lo importante es que logran que el Victoriano Arenas crezca porque, se sabe, que los clubes de barrio son cada vez menos y cuesta una enormidad mantenerlos”.
El valor del otro
“La matriz de nuestro aprendizaje fue incorporando el tema de la ayuda hacia el otro. La familia, como ejemplo, y luego la vida, nos hacen reflexionar para ayudar, después de haber llegado a una posición de privilegio en nuestros deportes. Siempre tuve garra de salvadora porque la idea fue, es y será ayudar a boxeadores, boxeadoras o chicos que practican otras disciplinas a superar las carencias que tengan. Recuerdo haber conseguido zapatillas, pedir becas y juntar gente para ayudar a chicos que recién empezaban en el boxeo y tenían limitaciones. Es decir que traemos incorporado el tema de lo social”, sintetiza Yésica, enfática y trasparente.
La sigue Paula. “Es evidente que la inquietud por la ayuda social viene del origen, ha sido inculcado por nuestras familias. Hoy, gracias a Weber, estoy logrando desarrollar la ayuda hacia el otro que aprendí, como situación prioritaria, en mi casa”.
Si el valor de la equidad fuera una simple ilusión, también lo sería la posibilidad femenina de cautivar mediante su imposición de género. Sucedió en el final y se manifestó así: “Como mujeres tenemos espíritu materno y eso nos aporta una sensibilidad social diferente. Esto crea un mayor compromiso para ayudar al otro, por más que a esa persona no la conozcamos o no tengamos un vínculo afectivo”, dijo Pareto. “El hombre es cuidado por la mujer y esto, probablemente, no les permita ver lo que observamos nosotras. La mujer desarrolla una sobreprotección sobre los demás que, sumando los logros deportivos conseguidos, nos ha permitido ganar un espacio en un terreno masculino. Quizá parte de todo esto acumulado, nos favorecerá para sostener nuestro trabajo social. La sensibilidad es la clave”, cerró Bopp.
Sonrieron, volvieron a estar de acuerdo.
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Pareto y Bopp trabajan en la etapa de vínculo y ayuda con el deporte social, desarrollada por el modelo del Grupo Saint Gobain. Desde el yudo (Paula) y junto al boxeo (Yésica), han comprendido que la preparación de un atleta de élite en nuestro país, desanda un camino transitivo: tiene relación con la superación de la adversidad, un síntoma genético del deporte formativo; luego, con las respuestas emocionales y, finalmente, con la maduración que sucede tras las etapas anteriores, que motiva el compromiso social.
“Cada atleta se va preparando con la base de elementos que trae de su experiencia de vida y luego, también, el deporte, con sus enseñanzas, ayuda a superar la adversidad. Por ejemplo, teniendo un lugar de entrenamiento lejos y la complicación que significan usar los medios de transporte, estás obligada a decidir cómo llegar a entrenar a una hora determinada y hacer todo lo posible para resolver el tema, buscando opciones. Me ha pasado de presentarme a entrenar tras una inundación, teniendo el agua a la altura de las rodillas. Una situación como esta, refleja al deportista y a su decisión por superar problemas para lograr su objetivo”, admite Paula. Yésica coincide: “Uno busca los mecanismos y las herramientas para que nada lo frene. La adversidad también funciona como un motor para llegar a una meta, seguir detrás de ella y poder entender todos los costados que tiene un atleta profesional. De todos modos, hay otros elementos para superar los inconvenientes como el trabajo de la autoestima y la posibilidad de estar bien con nosotros mismos. Es obvio que nos enfocamos en el deporte olvidando, a veces, nuestra parte profesional pero tanto Paula, que es médica traumatóloga, como yo, que estoy estudiando psicología social, estamos cuidando y trabajando, fuera del deporte, nuestra función personal”.
Sensibilidad
La empatía surge de sus ojos. Pareto controla el ámbito con su mirada y Bopp lo hace transmitiendo su ansiedad al observar, al recrear. La sensibilidad, la proyección de las ideas y el trabajo social invaden el ámbito y los conceptos. Generan un espacio de coincidencias para poder identificarse. Están de acuerdo. “Siempre comento que el deporte tiene una vida útil y después hay que seguir, aumentando los elementos que nos permitan vivir la etapa post competencia. Me gusta la medicina, hice la carrera y me recibí aunque tuve mis problemas, pero entendí que todo se puede resolver. El deporte aporta eso: herramientas para tomar un objetivo y buscar conseguirlo”, explica Pareto.
Bopp se suma. “En relación a lo social, el deportista sabe las falencias que hay en su disciplina. Entonces, desde la problemática social, apuntamos a eso: reconociendo las carencias que tuvimos como deportista en el inicio de la carrera, vemos de qué manera podemos ayudar y ser útiles para resolver las situaciones. Trabajar en la parte social es llegar a todos aquellos límites que vimos y vivimos, sin poder darle la importancia necesaria para solucionarlos en ese momento porque debimos priorizar nuestra preparación. Ahora, gracias a Weber y a su criterio de gestión para el deporte social, podemos aportar en este aspecto con una herramienta”.
Empresa y compromiso
“Nuestro aporte en lo social será el de tapar esos baches que fuimos viendo y superando en la actividad deportiva. El compromiso es usar la experiencia que tenemos y colaborar con escuelas o en el trabajo permanente con chicos carenciados. Para esto, el vínculo ha sido nuestra relación con Weber”, se adelanta Yésica. Paula reflexiona. “Es bueno poder razonar sobre lo que debimos superar como límites en nuestros comienzos para hoy poder ayudar a que los chicos que comienzan en nuestras disciplinas, puedan llegar a cumplir sus objetivos en forma más efectiva. Esto no significa que el camino será más fácil. La idea es acomodar todo lo que entorpece la llegada a la alta competencia. Es muy importante que quienes comienzan en el deporte, no tengan que sufrir los errores que superamos en nuestra formación, de los cuales aprendimos. Se puede ayudar en este tema con nuestra experiencia y aportar en la ayuda social es una alegría personal para nosotras. Lo logramos de la mano de Weber porque sucede que, uno quiere trabajar este aspecto y no encuentra el lugar o el momento para desarrollarlo”.
Ambas tienen deberes puntuales. Bopp en Avellaneda y en Concordia, Entre Ríos. “En Avellaneda vamos a arreglar un vestuario de un club y en Concordia, a intentar reformar la estructura del gimnasio y los vestuarios de la Escuela Municipal de Boxeo, que están muy deteriorados”. Pareto tiene sede en Lanús. “Mi meta es ayudar al Club Atlético Victoriano Arenas, una institución de barrio donde también se practica yudo. En el club, la gente trabaja para refaccionar sectores claves y hacen todo a pulmón y con el mismo objetivo común. Lo importante es que logran que el Victoriano Arenas crezca porque, se sabe, que los clubes de barrio son cada vez menos y cuesta una enormidad mantenerlos”.
El valor del otro
“La matriz de nuestro aprendizaje fue incorporando el tema de la ayuda hacia el otro. La familia, como ejemplo, y luego la vida, nos hacen reflexionar para ayudar, después de haber llegado a una posición de privilegio en nuestros deportes. Siempre tuve garra de salvadora porque la idea fue, es y será ayudar a boxeadores, boxeadoras o chicos que practican otras disciplinas a superar las carencias que tengan. Recuerdo haber conseguido zapatillas, pedir becas y juntar gente para ayudar a chicos que recién empezaban en el boxeo y tenían limitaciones. Es decir que traemos incorporado el tema de lo social”, sintetiza Yésica, enfática y trasparente.
La sigue Paula. “Es evidente que la inquietud por la ayuda social viene del origen, ha sido inculcado por nuestras familias. Hoy, gracias a Weber, estoy logrando desarrollar la ayuda hacia el otro que aprendí, como situación prioritaria, en mi casa”.
Si el valor de la equidad fuera una simple ilusión, también lo sería la posibilidad femenina de cautivar mediante su imposición de género. Sucedió en el final y se manifestó así: “Como mujeres tenemos espíritu materno y eso nos aporta una sensibilidad social diferente. Esto crea un mayor compromiso para ayudar al otro, por más que a esa persona no la conozcamos o no tengamos un vínculo afectivo”, dijo Pareto. “El hombre es cuidado por la mujer y esto, probablemente, no les permita ver lo que observamos nosotras. La mujer desarrolla una sobreprotección sobre los demás que, sumando los logros deportivos conseguidos, nos ha permitido ganar un espacio en un terreno masculino. Quizá parte de todo esto acumulado, nos favorecerá para sostener nuestro trabajo social. La sensibilidad es la clave”, cerró Bopp.
Sonrieron, volvieron a estar de acuerdo.