Talento no hay uno solo
Por Julián Mozo. Periodista del diario Olé desde 1997. Autor de El Señor de los Talentos, libro sobre Manu Ginóbili
Cubrió cuatro finales NBA, dos Mundiales de básquet y un Juego Olímpico.
Jueves 13 de Marzo de 2014
Habitualmente, en el ambiente del deporte, cuando se habla de talento, se habla de uno solo. Como si fuera único, nadie pide precisiones cuando le dicen tal deportista tiene talento. Todos dan por entendido que está relacionado con la jugada linda, aquella creativa o estética, muchas veces desde lo técnico. Pero una de las tantas cosas que aprendí después de seguir durante 18 años el deporte profesional es que el más famoso no es el único talento.
Conocer en profundidad la historia de Emanuel Ginóbili me permitió ver que existen otros valores que merecen ser llamados talentos. Hoy vemos, por TV o en vivo, el producto terminado, en lo que se ha transformado Manu. El, obviamente, tiene ese talento conocido. Penetraciones zigzagueantes entre defensores más grandes y fuertes, movimientos elegantes, tiros lejanos y cercanos, volcadas feroces, bandejas plásticas y pases de todo tipo, sin mirar, de pique o de faja. Incluso caños sobre rivales, algo inédito, sólo reservado al fútbol. Pero, para ser un atleta de elite, un número uno, el bahiense desarrolló otros talentos. Sí, los que todos creen que vienen desde la cuna él demostró que se pueden desarrollar. Contra lo que algunos piensan. Y Manu, en base a su perfeccionismo, exigencia, inteligencia y perserverancia, así lo hizo.
Ocurre que este muchacho no fue un predestinado, como Maradona, Messi, Kobe Bryant o LeBron James. Nadie, de chico, imaginaba que podía convertirse en lo que es hoy. Ni cerca. Pero él tenía otros planes y empezó a trabajar para concretarlos. Así fue un profesional antes de serlo, de cobrar un peso. Por eso tomaba un batido de proteínas para fortalecerse o se metió en un gimnasio a los 15 años, cuando levantar pesas estaba mal visto. De chico también se cuidó, no saliendo de noche por caso. Y se entrenó con la obsesión que te da la pasión por lo que uno ama. Veía videos NBA o partidos en vivo en su Bahía natal y caminaba esos 100 metros que separaban su casa del club Bahiense del Norte para practicar cada jugada que le llamaba la atención. Así creció, siempre trabajando en sus virtudes. "Nosotros no sabíamos dónde iba a llegar, él sí y tenía un plan", admite Pepe Sánchez, compañero de trayecto desde chiquitos.
Así, tras 19 años en el básquet profesional, Ginóbili atesora el paquete completo. No tiene dos, tres o cuatro talentos. Pareciera que tiene todos a los que un deportista puede aspirar. Algunos pueden asegurar que cuentan con varios, como educación, competitividad, mentalidad, el profesionalismo y hasta liderazgo. Pero es difícil que además puedan sumarle otros, como el dominio del ego, por caso, un valor tan determinante en el deporte de hoy. Argentina ha tenido una larga lista de deportistas que se han trenzado en disputas por quién es más grande o valioso, peleas de cartel que terminaron destruyendo equipos exitosos. Lo hemos visto en el fútbol, el tenis, el rugby... Manu, lejos de rivalizar, siempre buscó unir y no tuvo dramas en compartir cartel con otra figura como Luis Scola. Incluso admitir que "Luifa es más importante que yo en la Selección". Parece sencillo, pero los que conocemos el deporte en el más alto nivel, sabemos que no.
Ginóbili se ha entregado como pocos al equipo. Para él, el éxito colectivo siempre estuvo por encima del individual, de cualquier premio o reconocimiento. Sólo ganar le interesa. Y vivir momentos únicos durante las batallas que libra con sus compañeros. Por eso no hay colega que no lo valore y lo vea como un líder perfecto, capaz de decir las cosas justas, en el momento justo y con buenas formas. Por eso, cuando escribí su libro, decidí que no podía haber un mejor nombre que El Señor de los Talentos. Señor, porque lo es y además representa al Dios del básquet. O del deporte argentino. Y de los talentos, parafraseando la saga El Señor de los Anillos. Desde acá, estas sucesivas semanas, vas a conocer cada uno de ellos y cómo los fue modelando para construir esta imagen de deportista ideal, dentro y fuera de la cancha.
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Conocer en profundidad la historia de Emanuel Ginóbili me permitió ver que existen otros valores que merecen ser llamados talentos. Hoy vemos, por TV o en vivo, el producto terminado, en lo que se ha transformado Manu. El, obviamente, tiene ese talento conocido. Penetraciones zigzagueantes entre defensores más grandes y fuertes, movimientos elegantes, tiros lejanos y cercanos, volcadas feroces, bandejas plásticas y pases de todo tipo, sin mirar, de pique o de faja. Incluso caños sobre rivales, algo inédito, sólo reservado al fútbol. Pero, para ser un atleta de elite, un número uno, el bahiense desarrolló otros talentos. Sí, los que todos creen que vienen desde la cuna él demostró que se pueden desarrollar. Contra lo que algunos piensan. Y Manu, en base a su perfeccionismo, exigencia, inteligencia y perserverancia, así lo hizo.
Ocurre que este muchacho no fue un predestinado, como Maradona, Messi, Kobe Bryant o LeBron James. Nadie, de chico, imaginaba que podía convertirse en lo que es hoy. Ni cerca. Pero él tenía otros planes y empezó a trabajar para concretarlos. Así fue un profesional antes de serlo, de cobrar un peso. Por eso tomaba un batido de proteínas para fortalecerse o se metió en un gimnasio a los 15 años, cuando levantar pesas estaba mal visto. De chico también se cuidó, no saliendo de noche por caso. Y se entrenó con la obsesión que te da la pasión por lo que uno ama. Veía videos NBA o partidos en vivo en su Bahía natal y caminaba esos 100 metros que separaban su casa del club Bahiense del Norte para practicar cada jugada que le llamaba la atención. Así creció, siempre trabajando en sus virtudes. "Nosotros no sabíamos dónde iba a llegar, él sí y tenía un plan", admite Pepe Sánchez, compañero de trayecto desde chiquitos.
Así, tras 19 años en el básquet profesional, Ginóbili atesora el paquete completo. No tiene dos, tres o cuatro talentos. Pareciera que tiene todos a los que un deportista puede aspirar. Algunos pueden asegurar que cuentan con varios, como educación, competitividad, mentalidad, el profesionalismo y hasta liderazgo. Pero es difícil que además puedan sumarle otros, como el dominio del ego, por caso, un valor tan determinante en el deporte de hoy. Argentina ha tenido una larga lista de deportistas que se han trenzado en disputas por quién es más grande o valioso, peleas de cartel que terminaron destruyendo equipos exitosos. Lo hemos visto en el fútbol, el tenis, el rugby... Manu, lejos de rivalizar, siempre buscó unir y no tuvo dramas en compartir cartel con otra figura como Luis Scola. Incluso admitir que "Luifa es más importante que yo en la Selección". Parece sencillo, pero los que conocemos el deporte en el más alto nivel, sabemos que no.
Ginóbili se ha entregado como pocos al equipo. Para él, el éxito colectivo siempre estuvo por encima del individual, de cualquier premio o reconocimiento. Sólo ganar le interesa. Y vivir momentos únicos durante las batallas que libra con sus compañeros. Por eso no hay colega que no lo valore y lo vea como un líder perfecto, capaz de decir las cosas justas, en el momento justo y con buenas formas. Por eso, cuando escribí su libro, decidí que no podía haber un mejor nombre que El Señor de los Talentos. Señor, porque lo es y además representa al Dios del básquet. O del deporte argentino. Y de los talentos, parafraseando la saga El Señor de los Anillos. Desde acá, estas sucesivas semanas, vas a conocer cada uno de ellos y cómo los fue modelando para construir esta imagen de deportista ideal, dentro y fuera de la cancha.