La Super Bowl LX confirmó una vez más su peso como plataforma comercial global, con una audiencia estimada superior a los 125 millones de espectadores en todo el mundo. Más allá del partido, el interés volvió a concentrarse en los anuncios, el halftime show y las acciones de marca, en un contexto donde algunas compañías llegaron a pagar hasta 10 millones de dólares por un spot de 30 segundos.
Marcas como Amazon, Pepsi, Levi’s y Dunkin’ apostaron por campañas diseñadas para generar conversación en tiempo real. El Halftime Show, patrocinado por Apple y protagonizado por Bad Bunny, incluso superó la audiencia del partido, con más de 135 millones de espectadores, reforzando el valor cultural del evento.

A diferencia de otros eventos deportivos, el Super Bowl funciona como un espacio donde la publicidad se consume de forma consciente. Un ejemplo fue la sitcom creada por Dunkin’, con referencias a series de los años noventa y uso de inteligencia artificial, mientras que Cadillac aprovechó una franja clave del último cuarto para presentar el monoplaza con el que competirá en la Fórmula 1, marcando su posicionamiento ante una audiencia masiva.
El abanico de activaciones se extendió más allá de la publicidad tradicional. REAL SLX y Rao’s combinaron alta gastronomía y filantropía en una cena solidaria junto al programa NFL Crucial Catch, recaudando 35 millones de dólares. En paralelo, Pepsi volvió a provocar a Coca-Cola con una prueba de sabor protagonizada por un oso polar, mientras Bud Light reforzó su presencia cultural con un concierto de Post Malone durante el fin de semana.


