Columnistas

Brasil, un mes después

Brasil, un mes después
Lunes 18 de Agosto de 2014
Parece una ciudad desolada. Faltan los hinchas de todo el mundo. Faltan los cantos, falta el Fan Fest, falta esa alegría indescriptible que significa un Mundial de Fútbol
Estoy en Brasil. Llegué a Rio de Janeiro hace unos días. Nada cambió desde mi última vez aquí hace un año.

Yo no estuve en el Mundial. Me lo perdí, trabajé desde Buenos Aires, pero de esa locura que se veía en televisión nada queda. Llegar al Galeao hasta da tristeza. Es el mismo aeropuerto antiguo que brilló hace tantos años y hoy es quien le abre la puerta a los turistas, viejo, despintado, desactualizado. ¿Esta fue la primera cara de Brasil, al mundo, en el Mundial?

Ni hablar mientras avanzo hacia Copacabana con el Taxi. Las Favelas en el mismo lugar, la basura también. Nada cambió… Al menos en Brasil.

Se hablaba de inversión en Infraestructura, en cambios monumentales, en avances de primer mundo. Nada de eso ocurrió. Rio de Janeiro sigue igual que siempre. Con los Cariocas y su sonrisa, y una ciudad que uno la ama desde que llega hasta cuando se va.

Rio de Janeiro tiene eso. Es la ciudad amigable por excelencia, como sus anfitriones. Pero del Mundial, y de fútbol. No se habla.

Todo avanza, y todos avanzan. La playa siempre llena. Los Butecos (barcitos) también, la gente corre, anda en bicicleta, rollers y skates. Aquí se disfruta la vida. Aquí se vive de otra manera. Incluso pareciera que el Mundial de Fútbol jamás se jugó.

Los Cariocas no quieren saber nada con hablar del Mundial. Están tristes por el “golpazo “que recibió su selección, y porque la esperaban en la final en su casa, en el Maracaná. Eso no ocurrió y, para colmo, la ciudad estalló de argentinos que les cantaban “decime que se siente….”, para muchos una verdadera pesadilla que todavía retumba en varios rincones de Río.

Un mes después del Mundial. Brasil va reencontrándose a sí mismo. Dentro de poco habrá elecciones presidenciales, en un par de años, en Rio se harán los Juegos Olímpicos… Y así, sucesivamente, todo el tiempo habrá eventos de vanguardia de todos los ámbitos.

Lo que a mí me sorprende es el gran show que armó la FIFA. El gran Mundial que se vió por televisión, y todo lo que generó. Y me sorprende con el contraste que encontré.

Insisto en este punto. No puedo creer que aquí se haya jugado el Mundial. No queda un rastro. Nada de nada. Como si hubieran armado algo y con el pitazo del árbitro se hubieran llevado todo. Estoy realmente sorprendido con eso. Y con la fuerza de la FIFA. Porque más allá del país adonde se haga el evento y si tiene la economía y la infraestructura para lograr hacerlo, el Campeonato del Mundo siempre será un verdadero éxito.