El debate en torno al Mundial 2026 sumó un nuevo capítulo político. Joseph Blatter, ex presidente de la FIFA, llamó públicamente a boicotear la próxima Copa del Mundo que se disputará en Estados Unidos, Canadá y México. Sus declaraciones llegan en un contexto de creciente malestar internacional, impulsado tanto por el elevado precio de las entradas como por la situación política del país anfitrión.
Blatter, que ya no ocupa cargos formales en la FIFA, sugirió en redes sociales que los aficionados “se mantengan alejados de Estados Unidos y del Mundial”, reactivando un debate latente sobre el impacto de la política en los grandes eventos deportivos. El foco de las críticas apunta al clima institucional en el país norteamericano y a las decisiones del presidente Donald Trump, que han generado tensiones con varios gobiernos europeos.

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En Alemania, las declaraciones encontraron eco. Oke Göttlich, presidente del St. Pauli y vicepresidente de la federación alemana, planteó la necesidad de “discutir seriamente un boicot”, comparando la situación con los Juegos Olímpicos de Moscú 1980. El dirigente sostuvo que el contexto político actual representa una amenaza incluso mayor, en referencia a conflictos diplomáticos recientes, como la polémica en torno al control de Groenlandia y el impacto dentro de la OTAN.
Mientras crecen las voces críticas en distintos países europeos, la FIFA opta por la cautela. La organización evitó pronunciarse sobre los pedidos de boicot, manteniendo silencio ante un escenario que amenaza con trasladar el foco del torneo desde el espectáculo deportivo hacia un debate político global, en uno de los Mundiales más ambiciosos de la historia.

