Martes 18 de Marzo de 2014
La renovación en Cuba empezó a las piñas y a los palazos. La Revolución había abolido el profesionalismo en el deporte en 1962 y fomentó un plan de desarrollo copiado, en principio, de la escuela soviética, que convirtió a la isla en un verdadero paraíso de campeones. Tanto fue así que entre Múnich 1972 y Atenas 2004, Cuba fue la potencia olímpica de América Latina y el Caribe. Aquella industria de talentos tuvo como bases al atletismo, propio de una mixtura racial pocas veces vista, y a un programa de amplia difusión para detectar y desarrollar deportistas en casi todas las disciplinas que integran el programa de los Juegos. Pero la fascinación del capitalismo fue siempre tentadora y, metódicamente, fue quitándole sus figuras a las escuadras cubanas. Además, la progresiva pauperización de la vida a partir del perpetuo bloqueo estadounidense y la escasez de apoyo externo fue reduciendo las posibilidades de evolución interna y convirtiendo al exilio como fin último de sus deportistas. De tal modo, en Pekín 2008 Cuba cedió la supremacía regional ante Jamaica y Brasil.
Lineamientos históricos
El radical cambio que tuvo hace dos años la Asociación Internacional de Boxeo (AIBA, la entidad que maneja el boxeo olímpico), al permitir el ingreso de profesionales, obligó a que las autoridades del Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (INDER, órgano de aplicación cubano) buscaran una salida para mantener chances ciertas a la hora de pelear por medallas en los Juegos. Así se aprobó, a mediados de este año, que Cuba tendría un equipo (Domadores) en la temporada 2013/14 de la Serie Mundial AIBA, que se inició a mediados de noviembre. Los boxeadores reciben un sueldo de un par de miles de dólares y hay una bolsa de u$s500 mil esperando al conjunto campeón. La decisión fue tomada porque este certamen por franquicias asegurará plazas en los Juegos de Río de Janeiro 2016. Alberto Puig (el presidente de la Federación Cubana de Boxeo) negó que el ingreso de Cuba implique que se permitirá el boxeo profesional en la isla. “Consideramos necesario ser parte de la Serie Mundial para adaptar a nuestro poderoso colectivo a los cambios formales que sufrió el boxeo olímpico", explicó.
En Concordancia, en el mes de septiembre el Consejo de Ministros aprobó una serie de decretos (Lineamientos 143, 162, 170 y 171) mediante los cuales permite la contratación de deportistas por parte de ligas o clubes extranjeros, así como la aprobación de un sistema de remuneración interno, inicialmente en la competitiva y popularísima Serie Nacional de Béisbol. El único condicionamiento que surge desde el INDER es que podrán salir fronteras afuera siempre y cuando cumplan con sus compromisos con los equipos nacionales.
Hasta hace algunos meses, los deportistas no recibían ningún pago extra a la beca que les entrega el Estado cubano y su sueldo se depositaba, directamente, en las arcas del Instituto Nacional de Deportes. Y, en caso de premios en metálico, les correspondía sólo el 15% de lo cosechado. Lo cierto es que se ha cambiado la proporción y ahora no sólo tendrán libertad de cobrar lo que sus agentes negocien (debiendo pagar las tasas que establece la Ley Tributaria cubana) sino que, en caso de los deportes en los que se compite por premios, podrán percibir el 80% de los montos. El 15% irá para sus entrenadores y el 5% restante, a los especialistas como kinesiólogos o fisioterapeutas. “Estas medidas constituyen un incentivo para los deportistas, que al estar más motivados, tendrán un mayor rendimiento", declaró el atleta Javier Sotomayor, quien conserva desde hace dos décadas el récord mundial en salto de altura (2,45 metros).
El desánimo y la falta de estímulos ha jugado en contra al deporte cubano en los últimos meses, cuando varias de sus figuras prefirieron dar un paso al costado y retirarse, al no alcanzar permisos para firmar contratos con patrocinadores foráneos, para continuar su campaña en instituciones extranjeras. Sólo este año solicitaron su baja de las selecciones cubanas Dayron Robles (campeón olímpico en Pekín 2008 de los 110 metros con vallas) o el prodigio del vóley, Wilfredo León. En febrero, Robles anunció su retiro del atletismo a los 26 años de edad. Como dejaba de ser deportista activo, se le permitió viajar con fines turísticos a Europa y, sorpresivamente, compitió en un torneo en Turín en mayo. Días después, fichó con el club Mónaco tras el visto bueno de la Federación Internacional de Atletismo, causando un conflicto con la dirigencia de la isla que lo vetó para participar en agosto en el Mundial de Moscú.
Dinero
Según con lo comunicado por las autoridades deportivas cubanas, los salarios varían desde $1.500 mensuales (u$s60) para un medallista olímpico hasta $450 pesos (u$s18) para un reserva de una preselección nacional. También se estipulan estímulos mensuales para atletas que van desde $2.500 (u$s100) para un campeón olímpico hasta los $300 (u$s12 dólares) para un campeón centroamericano. Con la nueva política, el luchador Mijaín López, bicampeón olímpico y cuatro veces campeón mundial, puede llegar a ganar más de u$s800 al mes, 40 veces más que un trabajador cubano promedio.
En el béisbol, el deporte rey de la isla, la lista de estímulos es más amplia. Los peloteros que juegan en el campeonato nacional cubano, recibirán bonus adicionales por resultados que irán desde $5 mil (u$s200) para los que participen en el 70% de los juegos, hasta $1 mil (u$s40) para los líderes individuales de bateo y otras categorías. El equipo campeón será premiado con $65 mil pesos (u$s2.600) para repartir entre su plantilla.
La renovación no queda sólo fronteras adentro ya que los deportistas podrán ser contratados por equipos de todo el planeta. Ya hubo un intento inicial en la década del ´90 para que los jugadores de vóley y handball crecieran en ligas europeas o permisos especiales para que el beisbolista Omar Linares jugara en la liga japonesa. Las deserciones obligaron a terminar con aquel plan que ahora fue reflotado con el estímulo de cobrar un verdadero sueldo. La única gran limitación es conseguir acuerdos con franquicias estadounidenses. La cosa parece complicada porque los embargos, unilateralmente impuestos desde Washington, impiden las transacciones entre ambos países, lo que obliga a buscar fórmulas alternativas. De hecho, estos conflictos legales impidieron que la selección cubana cobrara los u$s2,3 millones que le correspondieron por participar en los Clásicos Mundiales en Los Ángeles, hace cuatro años, y esta temporada en San Francisco. También, los u$s800 mil logrados por ser los subcampeones en la primera edición (San Diego 2006), intentaron ser donados por Fidel Castro para las víctimas del huracán Katrina, actitud que fue rechazada por George W. Bush, dejando ese dinero en un limbo. De todos modos, el nuevo esquema ya tuvo su estreno y en pocas semanas cuatro peloteros cerraron contratos con el equipo mexicano Piratas de Campeche.
¿Hacia la libertad?
Las Grandes Ligas aún son un terreno vedado, al menos oficialmente. En 1984, uno de los 125 mil emigrantes que había aprovechado el permiso de entrada decretado por la administración Carter cuatro años antes, fue el primer cubano en firmar por el máximo certamen de béisbol del planeta. Bárbaro Garbey, uno de aquellos marielitos que huyeron en una flota de 1.700 botes, acordó un contrato con Detroit Tigers por u$s2.500 y la promesa de otros u$s7.500 en cuanto llegara al primer equipo. “Aquel trato me pareció fantástico. En ese momento no me interesaba tanto el dinero y los sueldos no eran astronómicos. Lo que me importaba era disfrutar de la libertad y jugar al béisbol”, aseguró Garbey –actualmente un entrenador de niños a u$s80 la hora- al diario USA Today.
La cifra creció y en esta temporada hay 16 escapados de la isla que han jugado oficialmente. Entre ellos, se destaca el caso del primera base José Dariel Abreu, una de las figuras de la selección cubana, quien pidió su baja del equipo a mediados del año y desapareció sin dejar huellas. Reapareció ante los medios en República Dominicana, desde donde barajó varias ofertas hasta que aceptó la propuesta de los Chicago White Sox, que accedieron pagarle u$s68 millones por seis años de contrato, el acuerdo más grande jamás firmado por un pelotero extranjero.
La historia de Abreu sintetiza el “American Dream”, aunque no todas las historias reales tienen final feliz. En 1994, cuatro integrantes de la selección cubana de handball desertaron en nuestro país. Un par de ellos tenía acordado un destino en Europa, los otros dos intentaron ganarse la vida en la Argentina. Andrés Robles Lamoth, el arquero suplente, jugó y dirigió en Sedalo de Lanús hasta que una fractura de la tibia derecha derivó no sólo en su retiro, sino en una decadencia emocional que lo convirtió en un vagabundo que dormía bajo un ombú en Plaza Lavalle, frente al Teatro Colón.
La sangría de valores ha generado que las autoridades, además, se hayan planteado una amnistía para los exiliados a los que, originalmente, se consideró "Traidores a la Revolución". Osmany Juantorena y Obertlandy Simón, jugadores de vóley que emigraron a Italia, reconocieron que les gustaría volver a jugar por la selección la que renunciaron hace dos años, por lo que iniciaron conversaciones extraoficiales con Orlando Samuels y Pavel Pimienta, los entrenadores del equipo. Una opinión de peso es la de Antonio Castro, el hijo de Fidel y vicepresidente de la Federación Internacional de Béisbol, quien reconoció a la cadena ESPN que tiene ganas de aceptar a los deportistas. "Tenemos que luchar por no perderlos. Si no cambiamos, perdemos a los jugadores, perdemos todo. Necesitamos cambiar en los dos lados. Esto es una situación política, pero tenemos que hacer algo realista ", afirmó quien, además, es el jefe médico de los equipos olímpicos cubanos.
Una nueva normativa ayuda al proyecto de Castro. La llamada Actualización Migratoria autoriza para entrar a la isla a personas que hayan abandonado Cuba de manera irregular si han transcurrido más de ocho años desde su salida. Así, el pitcher José Ariel Contreras, quien abandonó la selección de su país en 2002, durante una gira por México, recibió el permiso para retornar a su tierra natal y fue usado como ejemplo por Castro. “Si quiere, en el futuro Contreras podría establecerse nuevamente en Pinar del Río y trabajar enseñándole a niños que se inician en el béisbol. ¿Eso es malo para nosotros? No, por supuesto que no, porque Contreras regresaría a casa y trabajaría aquí para el desarrollo del béisbol. Me encanta esa idea".
Lineamientos históricos
El radical cambio que tuvo hace dos años la Asociación Internacional de Boxeo (AIBA, la entidad que maneja el boxeo olímpico), al permitir el ingreso de profesionales, obligó a que las autoridades del Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (INDER, órgano de aplicación cubano) buscaran una salida para mantener chances ciertas a la hora de pelear por medallas en los Juegos. Así se aprobó, a mediados de este año, que Cuba tendría un equipo (Domadores) en la temporada 2013/14 de la Serie Mundial AIBA, que se inició a mediados de noviembre. Los boxeadores reciben un sueldo de un par de miles de dólares y hay una bolsa de u$s500 mil esperando al conjunto campeón. La decisión fue tomada porque este certamen por franquicias asegurará plazas en los Juegos de Río de Janeiro 2016. Alberto Puig (el presidente de la Federación Cubana de Boxeo) negó que el ingreso de Cuba implique que se permitirá el boxeo profesional en la isla. “Consideramos necesario ser parte de la Serie Mundial para adaptar a nuestro poderoso colectivo a los cambios formales que sufrió el boxeo olímpico", explicó.
En Concordancia, en el mes de septiembre el Consejo de Ministros aprobó una serie de decretos (Lineamientos 143, 162, 170 y 171) mediante los cuales permite la contratación de deportistas por parte de ligas o clubes extranjeros, así como la aprobación de un sistema de remuneración interno, inicialmente en la competitiva y popularísima Serie Nacional de Béisbol. El único condicionamiento que surge desde el INDER es que podrán salir fronteras afuera siempre y cuando cumplan con sus compromisos con los equipos nacionales.
Hasta hace algunos meses, los deportistas no recibían ningún pago extra a la beca que les entrega el Estado cubano y su sueldo se depositaba, directamente, en las arcas del Instituto Nacional de Deportes. Y, en caso de premios en metálico, les correspondía sólo el 15% de lo cosechado. Lo cierto es que se ha cambiado la proporción y ahora no sólo tendrán libertad de cobrar lo que sus agentes negocien (debiendo pagar las tasas que establece la Ley Tributaria cubana) sino que, en caso de los deportes en los que se compite por premios, podrán percibir el 80% de los montos. El 15% irá para sus entrenadores y el 5% restante, a los especialistas como kinesiólogos o fisioterapeutas. “Estas medidas constituyen un incentivo para los deportistas, que al estar más motivados, tendrán un mayor rendimiento", declaró el atleta Javier Sotomayor, quien conserva desde hace dos décadas el récord mundial en salto de altura (2,45 metros).
El desánimo y la falta de estímulos ha jugado en contra al deporte cubano en los últimos meses, cuando varias de sus figuras prefirieron dar un paso al costado y retirarse, al no alcanzar permisos para firmar contratos con patrocinadores foráneos, para continuar su campaña en instituciones extranjeras. Sólo este año solicitaron su baja de las selecciones cubanas Dayron Robles (campeón olímpico en Pekín 2008 de los 110 metros con vallas) o el prodigio del vóley, Wilfredo León. En febrero, Robles anunció su retiro del atletismo a los 26 años de edad. Como dejaba de ser deportista activo, se le permitió viajar con fines turísticos a Europa y, sorpresivamente, compitió en un torneo en Turín en mayo. Días después, fichó con el club Mónaco tras el visto bueno de la Federación Internacional de Atletismo, causando un conflicto con la dirigencia de la isla que lo vetó para participar en agosto en el Mundial de Moscú.
Dinero
Según con lo comunicado por las autoridades deportivas cubanas, los salarios varían desde $1.500 mensuales (u$s60) para un medallista olímpico hasta $450 pesos (u$s18) para un reserva de una preselección nacional. También se estipulan estímulos mensuales para atletas que van desde $2.500 (u$s100) para un campeón olímpico hasta los $300 (u$s12 dólares) para un campeón centroamericano. Con la nueva política, el luchador Mijaín López, bicampeón olímpico y cuatro veces campeón mundial, puede llegar a ganar más de u$s800 al mes, 40 veces más que un trabajador cubano promedio.
En el béisbol, el deporte rey de la isla, la lista de estímulos es más amplia. Los peloteros que juegan en el campeonato nacional cubano, recibirán bonus adicionales por resultados que irán desde $5 mil (u$s200) para los que participen en el 70% de los juegos, hasta $1 mil (u$s40) para los líderes individuales de bateo y otras categorías. El equipo campeón será premiado con $65 mil pesos (u$s2.600) para repartir entre su plantilla.
La renovación no queda sólo fronteras adentro ya que los deportistas podrán ser contratados por equipos de todo el planeta. Ya hubo un intento inicial en la década del ´90 para que los jugadores de vóley y handball crecieran en ligas europeas o permisos especiales para que el beisbolista Omar Linares jugara en la liga japonesa. Las deserciones obligaron a terminar con aquel plan que ahora fue reflotado con el estímulo de cobrar un verdadero sueldo. La única gran limitación es conseguir acuerdos con franquicias estadounidenses. La cosa parece complicada porque los embargos, unilateralmente impuestos desde Washington, impiden las transacciones entre ambos países, lo que obliga a buscar fórmulas alternativas. De hecho, estos conflictos legales impidieron que la selección cubana cobrara los u$s2,3 millones que le correspondieron por participar en los Clásicos Mundiales en Los Ángeles, hace cuatro años, y esta temporada en San Francisco. También, los u$s800 mil logrados por ser los subcampeones en la primera edición (San Diego 2006), intentaron ser donados por Fidel Castro para las víctimas del huracán Katrina, actitud que fue rechazada por George W. Bush, dejando ese dinero en un limbo. De todos modos, el nuevo esquema ya tuvo su estreno y en pocas semanas cuatro peloteros cerraron contratos con el equipo mexicano Piratas de Campeche.
¿Hacia la libertad?
Las Grandes Ligas aún son un terreno vedado, al menos oficialmente. En 1984, uno de los 125 mil emigrantes que había aprovechado el permiso de entrada decretado por la administración Carter cuatro años antes, fue el primer cubano en firmar por el máximo certamen de béisbol del planeta. Bárbaro Garbey, uno de aquellos marielitos que huyeron en una flota de 1.700 botes, acordó un contrato con Detroit Tigers por u$s2.500 y la promesa de otros u$s7.500 en cuanto llegara al primer equipo. “Aquel trato me pareció fantástico. En ese momento no me interesaba tanto el dinero y los sueldos no eran astronómicos. Lo que me importaba era disfrutar de la libertad y jugar al béisbol”, aseguró Garbey –actualmente un entrenador de niños a u$s80 la hora- al diario USA Today.
La cifra creció y en esta temporada hay 16 escapados de la isla que han jugado oficialmente. Entre ellos, se destaca el caso del primera base José Dariel Abreu, una de las figuras de la selección cubana, quien pidió su baja del equipo a mediados del año y desapareció sin dejar huellas. Reapareció ante los medios en República Dominicana, desde donde barajó varias ofertas hasta que aceptó la propuesta de los Chicago White Sox, que accedieron pagarle u$s68 millones por seis años de contrato, el acuerdo más grande jamás firmado por un pelotero extranjero.
La historia de Abreu sintetiza el “American Dream”, aunque no todas las historias reales tienen final feliz. En 1994, cuatro integrantes de la selección cubana de handball desertaron en nuestro país. Un par de ellos tenía acordado un destino en Europa, los otros dos intentaron ganarse la vida en la Argentina. Andrés Robles Lamoth, el arquero suplente, jugó y dirigió en Sedalo de Lanús hasta que una fractura de la tibia derecha derivó no sólo en su retiro, sino en una decadencia emocional que lo convirtió en un vagabundo que dormía bajo un ombú en Plaza Lavalle, frente al Teatro Colón.
La sangría de valores ha generado que las autoridades, además, se hayan planteado una amnistía para los exiliados a los que, originalmente, se consideró "Traidores a la Revolución". Osmany Juantorena y Obertlandy Simón, jugadores de vóley que emigraron a Italia, reconocieron que les gustaría volver a jugar por la selección la que renunciaron hace dos años, por lo que iniciaron conversaciones extraoficiales con Orlando Samuels y Pavel Pimienta, los entrenadores del equipo. Una opinión de peso es la de Antonio Castro, el hijo de Fidel y vicepresidente de la Federación Internacional de Béisbol, quien reconoció a la cadena ESPN que tiene ganas de aceptar a los deportistas. "Tenemos que luchar por no perderlos. Si no cambiamos, perdemos a los jugadores, perdemos todo. Necesitamos cambiar en los dos lados. Esto es una situación política, pero tenemos que hacer algo realista ", afirmó quien, además, es el jefe médico de los equipos olímpicos cubanos.
Una nueva normativa ayuda al proyecto de Castro. La llamada Actualización Migratoria autoriza para entrar a la isla a personas que hayan abandonado Cuba de manera irregular si han transcurrido más de ocho años desde su salida. Así, el pitcher José Ariel Contreras, quien abandonó la selección de su país en 2002, durante una gira por México, recibió el permiso para retornar a su tierra natal y fue usado como ejemplo por Castro. “Si quiere, en el futuro Contreras podría establecerse nuevamente en Pinar del Río y trabajar enseñándole a niños que se inician en el béisbol. ¿Eso es malo para nosotros? No, por supuesto que no, porque Contreras regresaría a casa y trabajaría aquí para el desarrollo del béisbol. Me encanta esa idea".

