Viernes 26 de Diciembre de 2025
La Premier League está a las puertas de un cambio histórico. A partir de la temporada 2026/27, las casas de apuestas ya no podrán aparecer como patrocinadores principales en el frente de las camisetas, cerrando así más de veinte años de una relación comercial extremadamente lucrativa para los clubes. Aunque estos logos todavía tendrán permitido lucirse en las mangas, indumentaria de entrenamiento y publicidad estática, la medida representa un giro radical en el modelo de financiamiento de gran parte de los equipos de la competencia más mediática del mundo.
La norma fue acordada en 2023 tras una fuerte presión del gobierno británico y organizaciones que denunciaban el vínculo peligroso entre fútbol y ludopatía. Ahora, con la entrada en vigencia inminente, los clubes enfrentan el enorme desafío de cubrir un vacío económico que supera los 100 millones de libras anuales en contratos. Las casas de apuestas se convirtieron en sponsors casi exclusivos de los equipos por fuera del "Big Six", firmando acuerdos que en algunos casos alcanzaron los 10 millones de libras por temporada. Fulham, Aston Villa, West Ham, Everton y Wolves fueron algunos de los más dependientes de este sector: el Fulham, pionero al asociarse con una casa de apuestas en 2002, llegó a tener siete patrocinadores distintos del rubro, mientras que Everton firmó con Stake uno de los contratos récord de la industria, cuya salida anticipada responde tanto a la regulación como al rechazo de los propios hinchas.

A diferencia de estos clubes, los gigantes como Liverpool, Manchester United, Manchester City y Arsenal nunca necesitaron recurrir a patrocinadores de apuestas. Su alcance global les permitió atraer marcas de sectores más tradicionales y con mejor reputación —bancos, aerolíneas, aseguradoras— que ofrecen cifras superiores y mayor estabilidad de imagen. Esta disparidad evidencia la brecha comercial que existe entre los equipos más poderosos y aquellos que ahora deberán buscar alternativas en mercados que hasta hace poco les resultaban inaccesibles.
El horizonte post-apuestas abre espacio para nuevos actores: empresas tecnológicas, turismo, criptomonedas y marcas locales comienzan a posicionarse como opciones viables. Compañías como Compare the Market o KP Snacks, que ya tienen presencia en deportes como el cricket, podrían dar el salto al fútbol de élite aprovechando precios más accesibles. Aunque la intención es reducir la exposición del juego en el deporte, las apuestas no desaparecerán por completo: seguirán presentes en carteles y publicidad televisiva cada fin de semana. Lo que sí es claro es que el escenario comercial ya está en transformación, y los clubes deberán adaptarse con rapidez si no quieren perder competitividad en una liga donde los ingresos son determinantes.
La norma fue acordada en 2023 tras una fuerte presión del gobierno británico y organizaciones que denunciaban el vínculo peligroso entre fútbol y ludopatía. Ahora, con la entrada en vigencia inminente, los clubes enfrentan el enorme desafío de cubrir un vacío económico que supera los 100 millones de libras anuales en contratos. Las casas de apuestas se convirtieron en sponsors casi exclusivos de los equipos por fuera del "Big Six", firmando acuerdos que en algunos casos alcanzaron los 10 millones de libras por temporada. Fulham, Aston Villa, West Ham, Everton y Wolves fueron algunos de los más dependientes de este sector: el Fulham, pionero al asociarse con una casa de apuestas en 2002, llegó a tener siete patrocinadores distintos del rubro, mientras que Everton firmó con Stake uno de los contratos récord de la industria, cuya salida anticipada responde tanto a la regulación como al rechazo de los propios hinchas.

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A diferencia de estos clubes, los gigantes como Liverpool, Manchester United, Manchester City y Arsenal nunca necesitaron recurrir a patrocinadores de apuestas. Su alcance global les permitió atraer marcas de sectores más tradicionales y con mejor reputación —bancos, aerolíneas, aseguradoras— que ofrecen cifras superiores y mayor estabilidad de imagen. Esta disparidad evidencia la brecha comercial que existe entre los equipos más poderosos y aquellos que ahora deberán buscar alternativas en mercados que hasta hace poco les resultaban inaccesibles.
El horizonte post-apuestas abre espacio para nuevos actores: empresas tecnológicas, turismo, criptomonedas y marcas locales comienzan a posicionarse como opciones viables. Compañías como Compare the Market o KP Snacks, que ya tienen presencia en deportes como el cricket, podrían dar el salto al fútbol de élite aprovechando precios más accesibles. Aunque la intención es reducir la exposición del juego en el deporte, las apuestas no desaparecerán por completo: seguirán presentes en carteles y publicidad televisiva cada fin de semana. Lo que sí es claro es que el escenario comercial ya está en transformación, y los clubes deberán adaptarse con rapidez si no quieren perder competitividad en una liga donde los ingresos son determinantes.
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