Lunes 13 de Abril de 2026
La NBA enfrenta una situación sin precedentes: estrellas de la talla de LeBron James, Giannis Antetokounmpo y Stephen Curry ya quedaron fuera de la carrera por los premios individuales al no cumplir con el mínimo de 65 partidos disputados exigido por el último convenio colectivo. La normativa, que además requiere al menos 20 minutos en 63 de esos encuentros, también pone en riesgo a figuras como Luka Doncic, Nikola Jokic, Victor Wembanyama y Shai Gilgeous-Alexander, quienes con un par de ausencias más podrían quedar fuera incluso de la carrera por el MVP.
El efecto más inmediato es deportivo: los lugares en los quintetos All-NBA que habitualmente ocupan las grandes figuras quedan disponibles para nuevos nombres. Sin embargo, la situación genera controversia, ya que rendimientos de alto nivel podrían quedar sin reconocimiento por una cuestión estrictamente reglamentaria y no por el nivel mostrado dentro de la cancha.
El impacto va mucho más allá de lo simbólico. Los premios All-NBA están directamente vinculados a los contratos supermáximos, que permiten a los equipos retener a sus estrellas con salarios equivalentes al 35% del tope salarial. Que jugadores de élite queden excluidos abre la puerta a que otros accedan a mejoras salariales que, en otro contexto, no hubieran alcanzado, complicando la planificación económica de las franquicias en plena era del "second apron".
La discusión ya está instalada en la liga. Por un lado, hay casos de jugadores que mantienen un nivel de élite pero pierden acceso a contratos superiores por lesiones o descansos programados. Por el otro, equipos que podrían verse forzados a ofrecer salarios elevados a jugadores que no habrían accedido a ese reconocimiento en otras circunstancias. Con el doble impacto deportivo y económico que genera, la regla de los 65 partidos aparece como un factor que la NBA deberá revisar para evitar distorsiones en el reconocimiento de sus principales figuras.
El efecto más inmediato es deportivo: los lugares en los quintetos All-NBA que habitualmente ocupan las grandes figuras quedan disponibles para nuevos nombres. Sin embargo, la situación genera controversia, ya que rendimientos de alto nivel podrían quedar sin reconocimiento por una cuestión estrictamente reglamentaria y no por el nivel mostrado dentro de la cancha.
El impacto va mucho más allá de lo simbólico. Los premios All-NBA están directamente vinculados a los contratos supermáximos, que permiten a los equipos retener a sus estrellas con salarios equivalentes al 35% del tope salarial. Que jugadores de élite queden excluidos abre la puerta a que otros accedan a mejoras salariales que, en otro contexto, no hubieran alcanzado, complicando la planificación económica de las franquicias en plena era del "second apron".
La discusión ya está instalada en la liga. Por un lado, hay casos de jugadores que mantienen un nivel de élite pero pierden acceso a contratos superiores por lesiones o descansos programados. Por el otro, equipos que podrían verse forzados a ofrecer salarios elevados a jugadores que no habrían accedido a ese reconocimiento en otras circunstancias. Con el doble impacto deportivo y económico que genera, la regla de los 65 partidos aparece como un factor que la NBA deberá revisar para evitar distorsiones en el reconocimiento de sus principales figuras.

.webp)