Viernes 15 de Agosto de 2014
El mural como espacio urbano es parte de la vida de las personas. Está en un sitio y participa de un entorno. Es vivido por muchos. Es el resultado del trabajo social, de creativos, de gente que se involucra y colabora, de gente que vive y disfruta.
Buscamos mejorar los espacios públicos, modificar el entorno, darles color, trascender en el tiempo, contar una historia y dejar Huella.
Plasmar nuestros sueños, hacerlos realidad es parte de nuestra misión. Los sueños más complejos son los colectivos y los más gratificantes.
Todos juntos logramos, con amor y sensibilidad, participar como protagonistas de un hecho artístico que nos forma como comunidad y genera identidad.
El pasado martes 12 de agosto nos reunimos, nos encontramos una vez más y celebramos…
Acompañado por mi hija Amalia formé parte de la presentación del último libro de Murales. Con el imponente marco de ese misterioso lugar, para mí desconocido, que es el Jardín Japonés, el sitio donde antiguamente estaba el Caserón de Juan Manuel de Rosas.
Me preguntaron qué opinaba como precursor de los Murales de Weber, todo comenzó con el mural de Morón. Para mí es un gran orgullo y una gran alegría haber sido el “abrepuertas” de esta actividad extraordinaria que ha desarrollado Weber, con tantos artistas mosaiqueros en todos estos años.
No es menor sentirse “Parte” como Embajador Cultural junto a los Embajadores Deportivos, de una forma inédita de promoción comercial, que más parece un aporte a la Cultura General y al desarrollo Social y Solidario del conjunto de la Comunidad.
Seguir en la brega forma parte de este compromiso, transformando el espacio urbano en la medida en que puedo, constituye una alegría visceral muy gratificante.
Incluyendo, por supuesto, el placer de disfrutar de estas reuniones en las cuales somos cada vez más los involucrados, con el gusto que siempre genera el encuentro con los amigos y el goce de tomar un buen vino.
Buscamos mejorar los espacios públicos, modificar el entorno, darles color, trascender en el tiempo, contar una historia y dejar Huella.
Plasmar nuestros sueños, hacerlos realidad es parte de nuestra misión. Los sueños más complejos son los colectivos y los más gratificantes.
Todos juntos logramos, con amor y sensibilidad, participar como protagonistas de un hecho artístico que nos forma como comunidad y genera identidad.
El pasado martes 12 de agosto nos reunimos, nos encontramos una vez más y celebramos…
Acompañado por mi hija Amalia formé parte de la presentación del último libro de Murales. Con el imponente marco de ese misterioso lugar, para mí desconocido, que es el Jardín Japonés, el sitio donde antiguamente estaba el Caserón de Juan Manuel de Rosas.
Me preguntaron qué opinaba como precursor de los Murales de Weber, todo comenzó con el mural de Morón. Para mí es un gran orgullo y una gran alegría haber sido el “abrepuertas” de esta actividad extraordinaria que ha desarrollado Weber, con tantos artistas mosaiqueros en todos estos años.
No es menor sentirse “Parte” como Embajador Cultural junto a los Embajadores Deportivos, de una forma inédita de promoción comercial, que más parece un aporte a la Cultura General y al desarrollo Social y Solidario del conjunto de la Comunidad.
Seguir en la brega forma parte de este compromiso, transformando el espacio urbano en la medida en que puedo, constituye una alegría visceral muy gratificante.
Incluyendo, por supuesto, el placer de disfrutar de estas reuniones en las cuales somos cada vez más los involucrados, con el gusto que siempre genera el encuentro con los amigos y el goce de tomar un buen vino.

