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Usos de una tecnología amigable

Por Esteban Castromán
Usos de una tecnología amigable
Jueves 13 de Noviembre de 2014
El impulso desenfrenado del desarrollo científico a lo largo del siglo XX, se aceleró aún más a partir del uso colectivo de Internet.

Desde entonces, cada novedad formal que la tecnología de la comunicación logra propagar en forma masiva, origina pequeños o grandes cambios en los hábitos de las personas y en sus formas de relacionarse con el mundo.

Hasta hace pocos años era impensable que una interfaz virtual -o plataforma digital o cómo sea que rotulemos a las redes sociales- nos hiciera trabajar full time como jefes de redacción, editando los contenidos que el propio ego va proyectando día tras día, en las instalaciones de un micromedio sobre cuya puerta de entrada hay un cartel con nuestro nombre.

De repente, el acceso a los dispositivos tecnológicos revirtió el paradigma clásico de la comunicación: donde había pocos emisores y muchos receptores, ahora hay muchos emisores y muchos receptores.

Y en esa metamorfosis paradigmática, nos convertimos en verdaderas usinas de información.

Pero como sucede con cualquier otro tipo de herramienta, sus fortalezas y amenazas potenciales se subordinan a los criterios de uso y abuso que la gramática de lo social establece en las páginas invisibles de sus manuales tácitos.

Por eso es de vital importancia afinar los sentidos de curiosidad, observación y análisis, para entrar al campo de juego digital vistiendo un atuendo personal y genuino.

Una vez allí, mientras los pies descansan sobre una superficie que amortigua las pisadas al interior de la explanada, recién es posible dimensionar los beneficios que las redes sociales proporcionan.

Las nociones de “horizontalidad” y “simetría” quizá sean dos de los principales atributos, así como su capacidad para difundir en tiempo real todo tipo de mensajes, proyectos, ideas, eventos, presentaciones, obras, conciertos, epifanías y postales de la vida cotidiana en el siglo XXI.

Las redes sociales, y su propiedad de difusión a bajo costo, también han generado grandes cambios en las lógicas comerciales de algunas industrias. Por ejemplo, en la música.

Uno de los hechos más emblemáticos de los últimos tiempos, donde Internet funcionó como un soporte de despegue, es el caso de Lorde: cantautora nacida en Nueva Zelanda que con tan solo 16 años publicó algunas canciones en su cuenta de SoundCloud; el material tuvo 60.000 descargas y el sello Universal la contrató para lanzar su disco en el circuito tradicional.

Los ejemplos sobran y tampoco es necesario cruzar el océano para encontrarlos. De hecho, Huella Weber es una red donde convergen muchos de ellos: casos emblemáticos como Sebastián Armenault, Pilar Geijo, Matías Ola, Hernán Pitocco, Javier Weber, Leandro Usuna y Pepe Sánchez, entre tantos otros deportistas que despliegan talento tanto en sus propias disciplinas como en el trabajo de difusión que realizan en las redes sociales.

Lo importante es entender que el uso de la tecnología en forma apropiada, posibilita una relación orgánica con otros aspectos de la vida social y contribuye al cumplimiento de objetivos profesionales.