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¿El marketing de una enfermedad?

El vandalismo en los estadios de fútbol condiciona a la sociedad y se afirma como un negocio próspero. Causas y efectos de un fenómeno al cual se lo condena pero no se lo evita. Por Marcelo Roffé.
¿El marketing de una enfermedad?
Lunes 19 de Enero de 2015
Entendemos la práctica del fútbol como un deporte de equipo, interactivo, atravesado por la dinámica del juego en su faz lúdica, creativa y de placer que postula Huizinga**. Jugar al fútbol en equipo requiere el constante despliegue de las habilidades y fortalezas del individuo para visualizar, prever, actuar y resolver en forma positiva cada instancia del partido.

Sin embargo, existen futbolistas amateurs o profesionales en todas las edades que, aún cuando posean estas atribuciones, son propensos a cometer faltas violentas que van más allá de la agresividad natural que exige la competencia por el triunfo. Una falta vehemente, vista bajo la lupa del reglamento, puede llegar a perjudicar no sólo a quien la padece sino a quien la comete y a su equipo.

A su vez, nos preguntamos cuánto influye la violencia de afuera en la de adentro y, tras esto, qué se puede realizar como estrategia de prevención de la violencia en el fútbol, tanto en el campo de juego como fuera de él.

Objetivo
Entendemos que la práctica del fútbol en forma libre y voluntaria, como deporte que involucra el juego, está motivada por la búsqueda de un estado de felicidad. Lo que más quiere un futbolista no es otra cosa que jugar. Pero el deporte, en este caso el fútbol, ¿canaliza la violencia o la genera? ¿Los futbolistas y los hinchas son personas normales o los ha modificado el alto rendimiento y su componente psicopatológico?

El origen de la violencia en el fútbol de Sudamérica se encuentra en un partido entre Argentina-Uruguay, que se disputó en este último país. Según Jorge Gottling, este hecho, no muy difundido, sucedió el 2 de noviembre de 1924 en Montevideo. Allí se cometió el primer crimen de un aficionado en un estadio del Río de la Plata (Pedro Demby, 26 años, final del Campeonato Sudamericano). Luego existieron muchos otros casos de muertes donde las fuerzas de seguridad, involucradas en plena tarea de represión, se excedieron criminalmente. Aquella violencia primitiva era distinta, sin organización y más aislada.

Ahora, con la introducción de la droga y la política, se trata de matar con armas de fuego (no de tirar piedras) y, la mayoría de las veces, en forma premeditada. Hoy, Argentina cuenta en su haber con 290 muertes relacionadas con el fútbol y su entorno (en 2013 hubo 14, lo que significó un record) y es uno de los pocos países del mundo que posee asociaciones y fundaciones de víctimas relacionadas con la disciplina. Según Taylor***, el fútbol se halla estrechamente relacionado con la cultura de la masculinidad. Entonces, ¿el deporte canaliza la agresión o la promueve?

Marginalidad y mito
Existe la creencia de que las exclusiones de origen económico, finalmente, explican todo el fenómeno de las barrabravas. Esto es un mito, ya que la marginalidad puede ser de otros tipos. El término barrabrava se emplea para designar a aquellas hinchadas que se caracterizan por producir diversos incidentes violentos dentro y fuera del estadio, sumando el despliegue pirotécnico y los cánticos empleados durante el desarrollo del espectáculo. El término aparece en la Argentina y en Uruguay entre 1950 y 1960, para luego extenderse por toda América Latina.
Dentro de un grupo barrabrava se debe distinguir a sus líderes de sus seguidores. En nuestro país, muchos de los referentes y su entorno tienen estudios y son profesionales. Lo cierto es que han encontrado en el fútbol una forma de estar protegidos por el poder político y a su vez, obtener un buen pasar económico.

Trazando una clasificación posible de los grupos que concurren a las canchas, surgen las siguientes conclusiones. Primero, los líderes de las barras seducen y manejan a sus seguidores facilitando el ingreso a los encuentros mediante la entrega de entradas populares que han recibido de manos del club. Luego, los barrabravas encuentran las causas de pertenencia a los grupos violentos en un contexto social y económico grave, en un marco cultural-educativo deteriorado, en la marginalidad derivada y en la destrucción del vínculo familiar, en la influencia del alcoholismo y de diferentes drogas, en la crisis de autoridad y en la necesidad de ganar dinero fácil y rápido, ante la ausencia de ideales y la carencia de valores como la cultura del trabajo.

Tras esto, los hinchas son aquellos que se declaran partidarios de uno de los equipos y tienen distintos grados de compromiso con él, mientras que los espectadores son quienes van a los estadios para disfrutar de un partido que, de antemano, promete ser un buen espectáculo deportivo.

Según Amílcar Romero****, la industrialización del fútbol fue el puntapié inicial para la aparición de los barras, ya que se necesitaba controlar todos los aspectos que intervenían en el juego mediante un funcionamiento organizado.

Responsabilidades
Se observa que los medios no sólo no comprenden a las hinchadas ni instalan una mirada crítica en la temática, sino que caen en una reprobación ardua de la cultura futbolística actual, sin tomar en cuenta que los propios medios potencian, dramatizan, justifican, alimentan y reproducen (hay excepciones) esta cultura. La violencia en el fútbol se conecta con una política corrupta que utiliza a las barrabravas como beneficio propio (hoy la mayoría de la gente piensa que un alto dirigente negoció con los barras de su club), con una policía muchas veces antidemocrática, autoritaria e inútil para prevenir y también se conecta con una sociedad fragmentada y excluyente la cual, en definitiva, margina.

Para la narrativa periodística, en el fútbol deben pasar cosas importantes: discutir el futuro de la Nación en un partido del Mundial es cuestión de vida o muerte, recordando que el segundo es el
primero de los fracasados, como instala la cultura del exitismo y del campeonismo. Eso y no saber perder también es violencia.

Romero, en su libro “Muerte en la cancha” nos dice: “En los fenómenos sociales no se puede determinar con exactitud, como en las personas, el nacimiento o la muerte: entonces uno debe tomar como referencia el momento en el que la sociedad se notifica sobre lo que está pasando. En la Argentina el fenómeno empieza en el 58, en Inglaterra en el Mundial 66, en España en el Mundial 82, en Italia en el 78. Generalmente, este fenómeno se da entre las décadas del 60 y 70, aunque en Argentina que es un país periférico, aparece mucho antes que en los países centrales, y eso es algo muy singular”.

Conclusión
La violencia en la práctica del deporte puede ser física, verbal o gestual. Son diversos los factores que pueden estar presentes y confluir para que se produzca el acto violento. Estos ítems van desde estados o rasgos de la personalidad del agresor y desinterés por las consecuencias hasta intensas presiones externas que al deportista se le dificulta controlar y resolver por sus propios medios.

Desde la psicología aplicada al deporte es posible intervenir sobre el individuo y el grupo con el objeto de prevenir y controlar la violencia, neutralizando las emociones negativas puestas en juego en la disputa de fortalezas internas positivas, desplegadas en leal competencia y, muchas veces, tergiversadas donde parece que sólo cuenta ganar, sin importar cómo. Este último elemento, contribuye para que la psicopatología se adueñe del deporte de élite.

Para esto, entre otras cosas, se impone comprender y hacer comprender al individuo la mayor cantidad de factores influyentes, trabajar sobre sus emociones, enseñarle a perder, como también dar soporte a entrenadores, orientándolos en este aspecto de su función.

Según lo investigado, no son muchos los programas de prevención de la violencia en el fútbol que existen en la actualidad, pero algunos están vigentes. Habrá que multiplicarlos, por el bien de un deporte cuya violencia está legitimada por la sociedad, los periodistas y los dirigentes.

*
Marcelo Roffé es titular de la materia Psicología del Deporte en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Palermo (UP) y Presidente de SOLCPAD (Sociedad Latinoamericana y Caribeña de Psicología de la Actividad Física y el Deporte).

Compilador del libro “Futbol y violencia: miradas y propuestas” junto a José Jozami (Lugar editorial, 2010).

Notas.

**
Johan Huizinga, lingüista e historiador holandés.

***
Ian Taylor, sociólogo.

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Amílcar Romero, periodista e investigador argentino.