Martes 29 de Noviembre de 2016
Los jugadores de Leandro N. Alem vivieron este fin de semana una de las experiencias más insólitas en el mundo del fútbol, y es que debido a un desperfecto en el micro que los transportaba, tuvieron que terminar el viaje en el colectivo 180.
El equipo de General Rodríguez, que actualmente marcha segundo en la tabla de posiciones de la Primera D, visitaba a su similar de Liniers en Villegas, y se encontraba en camino a disputar el partido.
Sin embargo, un daño en el transporte que los acercaba a la cancha, obligó a cargar los balones y conos en el auto de uno de los dirigentes y subir al resto del plantel en el colectivo de línea 180, que a su vez los dejó a cinco cuadras de destino.
“El micro iba por la avenida General Paz y llegando a la bajada para doblar en Crovara, se quedó por problemas de arranque. Intentaron hacerlo volver a funcionar, pero no hubo caso. Como estaba parado en medio de la calle, los jugadores empujaron para acomodarlo. Cerquita estaba la parada del 180 y después de cargar la ropa, las pelotas y los conitos en el auto de los dirigentes, se subieron al colectivo que tenía aire acondicionado", relató un periodista relacionado, a lo que añadió, “El 180 los dejó a cinco cuadras de la cancha de Liniers, así que llegaron a pie, por calles de tierra y en medio del calor. Al final quedó como una anécdota divertida”.
El equipo de General Rodríguez, que actualmente marcha segundo en la tabla de posiciones de la Primera D, visitaba a su similar de Liniers en Villegas, y se encontraba en camino a disputar el partido.
Sin embargo, un daño en el transporte que los acercaba a la cancha, obligó a cargar los balones y conos en el auto de uno de los dirigentes y subir al resto del plantel en el colectivo de línea 180, que a su vez los dejó a cinco cuadras de destino.
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“El micro iba por la avenida General Paz y llegando a la bajada para doblar en Crovara, se quedó por problemas de arranque. Intentaron hacerlo volver a funcionar, pero no hubo caso. Como estaba parado en medio de la calle, los jugadores empujaron para acomodarlo. Cerquita estaba la parada del 180 y después de cargar la ropa, las pelotas y los conitos en el auto de los dirigentes, se subieron al colectivo que tenía aire acondicionado", relató un periodista relacionado, a lo que añadió, “El 180 los dejó a cinco cuadras de la cancha de Liniers, así que llegaron a pie, por calles de tierra y en medio del calor. Al final quedó como una anécdota divertida”.
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