En el epílogo de su carrera deportiva, Claudio Morel Rodríguez, ex jugador de Boca, Independiente, San Lorenzo, Deportivo La Coruña, entre otros se destaca por conservar su humildad y compromiso para jugar en una de las ligas más competitivas del ascenso argentino en donde es venerado casi como un héroe local.
Y es que, luego de haber conseguido tres Copa Sudamericana, tres Recopas, una Mercosur, una Libertadores, cinco títulos locales y la mejor participación histórica de su selección en el Mundial de la FIFA del 2010, Morel dejó de lado todas las ofertas que recibió para formar parte de la Primera B Nacional y Metropolitana del fútbol argentino y se anotó como un integrante más del Maderense de Pehuajó, club del ascenso del interior argentino.
“Me vuelve loco el fútbol. Estoy acá porque quiero jugar, ganar y ser campeón. Cuando veo a los chicos que se caen, les digo que no estoy luchando con ellos por plata. No juego con la chapa de mi nombre ni con los escudos que tuve. Juego como cuando debuté, con menos velocidad pero con la misma intensidad. Me caliento, grito”, sostiene el futbolista quien esta semana contribuyó a que su club alcance las finales del certamen liguista.
“Mirá, este muchacho es fuera de serie. Es rehumilde, ubicado, apoya, motiva y juega cada partido como el último de su vida. Yo tengo abono en la Bombonera. Lo vi ganar todo con Boca. Lo vi en Porto Alegre, la noche en que fuimos campeones de la Libertadores. El la rompía. Estuvo también en San Lorenzo, en Independiente, en Europa, en un Mundial con Paraguay. Y ahora lo tenemos acá, jugando para el equipo de nuestro pueblo con una pasión que no se explica... El domingo, me asombró: ganamos, llegamos a la final y a él lo vi llorar. No te exagero: yo lo vi llorar por mi Maderense”, asegura Juan Miguel Cumba, médico-cirujano de la localidad quien a su vez ejerce en el club y al igual que muchos otros admira al paraguayo por su forma de ser dentro y fuera de la cancha.
Cabe destacar que para disputar cada compromiso, Morel viaja casi mil kilómetros desde su residencia en San Vicente hasta Pehuajó en una rutina que lejos de cansarlo fortalece su amor por el club y por el fútbol.
Fuente: Clarín

